viernes, 18 de abril de 2008

7.

La llevé hasta su puerta y me despedí de ella con toda (contención) corrección. No podía borrar mi estúpida sonrisa mientras acordábamos la hora en que pasaría a buscarla el viernes siguiente para ir a cenar. Durante el viaje de vuelta por la Avenida del Libertador divisé a mano derecha un restaurante lo bastante ampuloso como para avenirse a mi propósito de impresionarla. No tomé nota del nombre pero si retuve que tenía dos antorchas encendidas flanqueando la entrada. Tenía que ser ahí, justo ahí y sólo ahí (el lugar se llamaba Dallas y años después su dueño cometería un crimen que obligó a cambiarle el nombre, hoy se llama Las Olas y le pusieron así para aprovechar algunas letras del cartel original).

Mi imaginación había dibujado a grandes rasgos su contorno con razonable aproximación. Resultaron ciertos los matices de una estética sobria, serena, pero quedaron fuera de cálculo sus ojos tibios y atentos, sus manos elegantes y aquella mirada hospitalaria, abierta de par en par (el resto de los detalles no me pasó inadvertido, me los callo porque no vienen al caso).

Así le escribí: "Dios, quien ante todo es sensato, tuvo fundados motivos para excluir tu belleza templada de sus huestes de vírgenes y eunucos (...) en su lugar hubiese hecho lo mismo".

"Menos textos, más presencia. El mejor rumbo." - respondió.

Faltaba poco para el día D, tenía que prepararme. Busqué en todas las grandes librerías del centro una obra de Popper de la que habíamos estado hablando y la última edición estaba agotada. Pero tenía que ser ese libro y no otro, era una cuestión de estado. Un librero me lo consiguió para el jueves de esa semana pero al doble (por lo menos) del precio de lista. Primer ítem: listo.

Por las dudas le hice un service completo al auto (era modelo '99, no tenía ni dos años y estaba muy bien cuidado, pero uno nunca sabe). Segundo ítem: listo.

Me compré un traje, una camisa y una corbata. Tercer ítem: listo.

Le pedí a mi secretaria que hiciera reservaciones para dos en un restaurante de Martínez, cuyo nombre no recordaba, pero que tenía antorchas en la puerta. ¿Y cómo lo encuentro? - preguntó - ¿Querés que cambiemos tareas, vos auditas juicios y yo lo busco? - contesté. Se fué murmurando obscenidades. Volvió para decirme que no lo ubicó en internet, ni siquiera en la guía de restaurantes. - Bueno, ya dijiste dónde no lo encontraste, volvé cuando sí lo encuentres - le sugerí amablemente. De salida vi el prolijo papelito amarillo pegado sobre el escritorio donde se leía de su puño y letra: "No lo encontré y te vas a la mierda". Iba a la cita sin un plan, estaba deshauciado.

Llegué diez minutos antes de la hora convenida y toqué el portero eléctrico. - Ya bajo - dijo ella. El "ya" duró bastante más que un instante.

Finalmente cenamos en un lugar tranquilo de San Isidro, con ambiente propicio para la intimidad. Yo tenía (los nervios de punta) una ligera inquietud, ordené trucha con papas rejilla (no me creí capaz de tragar algo más consistente) y un vino rosado de uvas malbec. Ella se plegó a mi pedido. Conversamos y conversamos (y yo no podía pinchar las malditas papas con el tenedor, de tan crocantes se hacían astillas al primer intento). "¿Por qué no las agarrás con la mano como hace todo el mundo?" - dijo - (porque esta noche soy el Duque de Orleans, carajo!).

Frente a ella yo estaba en el país de la mismidad, ese territorio agradable donde se puede ser uno mismo liso y llano, despreocupadamente, y decir lo que se piensa, y sentir como uno siente. No tardó en conectarse con mi angustia, así como estaba, sin datos ni mapas, ni siquiera alguna pista del torbellino que me pasaba por la cabeza.

Pagué la cuenta y salimos, le propuse tomar el café en algún otro sitio. Anduvimos bastante hasta encontrar un barcito abierto. Seguimos hablando (mas bien yo seguí parloteando) hasta que en cierto punto me dijo: "Ya no puedo seguirte el ritmo, lo que me contás requiere oídos bien atentos y ya estoy muerta de cansada" (traducción: por qué no te callás de una maldita vez que me tenés recontrapodrida).

Definitivamente dos cosas; 1) no era muy ducha en el uno a uno entre géneros, y 2) ya era hora de irse.

jueves, 17 de abril de 2008

6.

En lo que tardó en llegar su respuesta la palabra "ansiedad" cobró un nuevo y monstruoso significado. No es que albergara ilusiones después de semejante sacudón al bote, pero me exhasperaba pensar (y podía escuchar mis propios pensamientos) que simplemente se desvaneciera como una burbuja, porque, y esto es algo que sé respecto a como soy, en ese caso la (perdería) dejaría en paz. Revisé sistemáticamente la casilla, a intervalos de un minuto y medio, esperando lo que fuera; recriminación, desaire, despedida, y en el mejor de los mundos una rendija, no más ancha que el filo de una navaja, de esperanza.

Por fin,

From: Bacigalupo
To:
Pablo Manzano
Sent: Saturday, October 06, 2001 11:49 PM
Subject: no encuentro el signo en mi teclado

Estoy en problemas, mi querido Pablo: no encuentro en mi teclado un signo tipográfico que haga aparecer en tu pantalla mi sonrisa. Salgo de tu torre, para volver a entrar y recomenzar todo de nuevo. Mientras estés ahí (corregido y aumentado), yo aquí para vos. El tiempo dirá si podemos ser amigos. O si lo que podíamos ser, ya lo fuimos. Tenemos en nuestro haber unas páginas hermosas. (Un happy end las hubiese degradado.) Creo que merecemos esa cena. Llamame.

Mi beso en tu frente, Mónica.


(Todavía tenía pulso, estaba apenas vivo pero ningún médico se hubiera atrevido a firmar el certificado de defunción).

"Hay más finales felices de los que Hollywood muestra" - le escribí. Faltaba toda la vida para el viernes siguiente y los textos, cada vez más breves, empezaban a desteñirse.

Tenía aprendido que el éxito en cualquier empresa humana depende en buena medida de la claridad de objetivos, pero mi mente era un sólo deseo y me volví perfectamente incapaz de razonar. Otros asuntos, más próximos e igualmente urgentes, reclamaban también su cuota de cordura, pero yo no podía pensar, sólo sentía.

El lunes 8 de cotubre me esperaban en casa de mi hermano (en Palermo) para festejar el cumpleaños de mi cuñada. Subí al auto a la hora convenida y se manejó solo hasta cierta dirección que destellaba en mi frente como un cartel de neón.

Llegué hasta su puerta y llamé por teléfono. Por supuesto no estaba (qué está haciendo Dios cuando pasan estas catástrofes), dejé mensaje en su contestador y esperé. A esta hora (las seis de la tarde mas o menos) toda buena chica debería estar en su casa. Entretanto llamé a mi hermano para soltarle el repertorio completo de las excusas conocidas.

Habían pasado cuarenta y cinco minutos cuando sonó el celular. Ella me dijo que le diera algo de tiempo para arreglarse y salíamos a tomar un café. Tardaría más de una hora en abrir la puerta del acompañante.

Me tomó un momento registarla, descomponer su imágen en miles de puntos y volver a ensamblarla. Todo me gustó, su interioridad, su voz y su presencia hacían juego.

Tras un beso muy cortés me dijo de lo más sonriente: "No pudiste esperar hasta el viernes".
Mientras manejaba hacia Barrancas de Alvear (un bar a la orilla del río) iba reflexionando: - Si esta chica tuviera la menor pericia en el arte de seducir no habría dicho eso -.

Nos dieron las diez, hablando de atardeceres y soledades, y yo no podía dejar de mirarle la boca.

martes, 15 de abril de 2008

5.

A las seis de la tarde la oficina quedaba desierta. Con el corazón en un vuelco digité los numeros en el orden dispuesto conteniendo la respiración. Ella contestó y yo supe que sonreía mientras hablaba. Después la maniobra se hizo rito y hablamos por teléfono en promedio una hora y media todos los días durante tres días. Hicimos un pacto tácito; ella no hacía preguntas y yo no decía mentiras. La conversación acudía de buena gana, no forzábamos las palabras, era como la escritura pero con mayor caudal (bastante mayor en realidad). Me daba gusto escucharla y me daba el tiempo que hiciera falta para sacarme el gusto.
Sin embargo no perdimos el hábito de los mail que ya tenían vida propia y autonomía.

Nunca fuí bueno para los halagos, simplemente no se me dan. Quise que supiera que tan alto había llegado su imagen en mi fantasía y elegí una metáfora desafortunada: "¿Cómo llamarías a un sentimiento híbrido de pulsión desesperante por alcanzar algo deseado y miedo a no saber qué hacer después? Betelgeuse es el nombre de una de las estrellas más grandes conocidas por el hombre, distante a 430 años luz de la Tierra y con un diámetro de 980 millones de kilómetros (esto es 700 veces mayor que el del sol). El problema mayor no es llegar a ella sino estar a la altura de semejante conquista".
Ella devolvió la cortesía con el acento en parió: "Una estrella es aterrorizante; que te comparen con ella, una fatalidad. Hubiese preferido que sintieras que algún día podríamos ir a pescar".

(¿Quién te manda a oficiar de Casanova improvisado? Ya estás grande y pelotudo).

Le ofrecí una cena en desagravio y aceptó. Fué un viernes 5 de octubre y quedamos para el viernes siguiente. Yo tenía mis razones.

Lo que ha de ser, será. La escritura me pareció lo más apropiado:

From: Pablo Manzano
To: Bacigalupo
Sent: Saturday, October 06, 2001 5:18 PM
Subject: Vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo.

Bajo estas tres premisas, un jurista clásico de la antigua Roma (llamado curiosamente Paulo igual que yo) construyó el concepto que llegó hasta nuestros días con el nombre de equidad (aequitas). Mucho antes de pasar por las aulas de Derecho mi padre se ocupó de infundírmelas a fuego.

De ahí que no pueda sino contarte mi historia antes de mirarte por primera vez a la cara (una cosa es el juego de las palabras y otra muy distinta el navajazo de unos ojos heridos).

Cuando jóven solía ser imprudente y andariego, más inclinado a los gustos que a la reflexión. Como resultado de aquellas andanzas conocí una muchacha que resultó a la postre la madre de los dos hijos que tengo (Lucas y Melisa, adolescentes con todas las de la ley). La historia siguió el curso inevitable, terminó mal como todo lo que termina (de un mal amasijo nunca sale un buen pan decía mi abuela) dejando grandes saldos deudores de desconfianza y rencor. Saldados los pasivos, hoy es una relación de tipo societaria embarcada en la empresa de hacer prosperar el único patrimonio común (los niños) en tanto sea nuestro y no de la vida.

Lo que siguió fué peor. Con ese bagaje de desencanto a cuestas (y el orgullo invencible de no volver derrotado a la casa de los viejos) mi abuela me abrió las puertas de su casa. Aquellos años de trabajo arduo y convivencia armónica se vieron súbitamente interrumpidos por la entrada en escena de la amada de Catorce versos (llamémosla Dos), una hermosa contadora pública apenas graduada, cuya presencia dió por tierra con los recelos que supimos conseguir. Corría el año 1.990, cuando el amor (ese desesperado) hizo metástasis en todas las células de mi cuerpo. Además de políticamente correcta (soltera, profesional, virgen, bonita) era por entonces un torbellino arrasador, una luminaria inagotable. Con una ilusión más grande que Betelgeuse me casé en 1.992.

A poco de andar, la marcha se volvió desacompasada. Dos tenía un par de sentimientos muy marcados: el de la territorialidad y el de la propiedad. En semejante ecuación nunca cupo la variable "hijos ajenos" por lo que los chicos quedaron al margen del matrimonio, aunque no, por supuesto, de mi vida personal. Esto requirió un pequeño desplazamiento; no se puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Me las arreglé bien diría yo (el buey solo bien se lame, otra de mi abuela).

A medida que los chicos crecían y se hacían menos demandantes fuí ganando tiempo para hacer mi carrera. El problema fué que el crecimiento económico de Dos se dió antes que el mío. Los reclamos de progreso se sumaron al paisaje cotidiano...

Estás alicaída, estás dudando,
no te bastan las pruebas ni las preces,
cada cómo te ofusca y cada cuándo.

Recorres el confort, las estrecheces
que quedaron atrás y es razonable
que reclames la vida que mereces,

las ventanas en paz, el techo estable.
Aunque yo, te confieso, prefería
(¿cómo querés mi vida que te hable?)

cuando tu vieja angustia estaba al día
con la angustia del mundo, cuando todo
tenía parte en tu melancolía.

Sé qué polvos trajeron estos lodos
pero saberlo no es la mejor suerte.
Inventaré quién sos, de todos modos

inventarte es mi forma de quererte.

Después de eso, la pulsión primaria, tener hijos propios. Un embarazo fallido y algún tiempo sin novedades, condujeron irremediablemente a la ciencia. Seis años y veinte mil dólares en tratamientos complejos y cruentos no arrojaron resultados ni hallazgos significativos. A partir de aquí la atención de Dos se enfocó exclusivamente hacia el éxito profesional y la acumulación de bienes materiales; lo primero fué fruto de su esfuerzo (eso hay que reconocérselo) lo segundo del de ambos.

Los sucesivos viajes por trabajo, las prolongadas jornadas de trabajo, el estudio constante de cada uno, (los refugios) nos transformaron paulatinamente en Fulanos de Nadie, nos apagaron. Seres mudos y errantes como fantasmas que eventualmente coinciden bajo un mismo techo sin tensiones graves, ni altisonancias ni nada que revele algún interés. No hay peleas en el sentido lato, pero tampoco comidas compartidas ni conversaciones. Hay cuando mucho mensajes.

La muerte de mi padre fué un hecho revelador. Cuando dió su último suspiro con su mano entre las mías, no había ningún rostro conocido. El abrazo de una médica residente cobijó mi tristeza todo el tramo que va desde la madrugada hasta la salida del sol. Ese día tuve noción de la cantidad de tiempo que había vivido solo.

Decías ayer que no entendías a la gente incapaz de hacer un quiebre de cintura para adaptarse a los avatares de la vida. En nuestro caso es simple: Dos se rehúsa a perder como el perro del hortelano; por mi parte, a la luz de las tres premisas que enuncié al principio, el que incumple un trato sigue siendo un incumplidor, el que comete adulterio un adúltero. Pacta sunt servanda (los pactos hacen siervos).

En este contexto, tu doble clik sobre mi apodo nos puso frente a frente. Tenías que ser justamente vos (candor, inteligencia fina, donación de sí). Me resisto a pensar que fué un hecho casual. Mónica, lo que recibí de vos (como una esponja egoísta) me fué dado porque lo necesitaba, porque era "lo suyo de cada uno", donde hay una necesidad hay un derecho.

Esta es mi vida y no me quejo, ahora sabés lo mismo que yo.

PD1: Estuve revisando algunos textos sagrados y otros legales. No es pecado ni delito que dos buenos amigos compartan una cena conversando de lo que se les ocurra. La oferta sigue en pie.

PD2: Si no vuelvo a tener noticias tuyas te llamaré una vez más. Te estoy agradecido y necesito que lo sepas.

lunes, 14 de abril de 2008

4.

Revisar mi casilla de correo todos los días varias veces se transformó en un ritual gozoso, el punto más alto de lo mío cotidiano por entonces. No importaba la hora ni lo que debiera postergarse; yo estaba ahí en ese espacio virtual y ella siempre acudía. Me hacía sentir (acompañado) bien.
Tanto desvelo hecho de puras letras condujo inevitablemente a la confidencia. Le conté de mis molinos de viento, de mis aspiraciones, de mis gustos, de todo lo que puede decirse sin quedar desnudo. Nunca aseveré falsedades aunque reconozco que alguna vez disinulé lo verdadero.
Ella habló de una pesadilla recurrente en la que era envuelta por una ola gigantesca y le hablé del terror esencial y primario que compartíamos a no tener suficiente tiempo. Respondió: "Si nuestra conversación, en lugar de con la palabra escrita, se materializara con la voz y la presencia, te pasaría un mate y haría silencio. Pero no el silencio del que guarda para sí, sino el de quien contempla. Un silencio que es asentimiento a la presencia del otro, en todo su misterio y originalidad". Me moría por aceptar aquel mate.

No era a estas alturas el intercambio trivial entre dos desconocidos, sin embargo su pregunta me tomó desprevenido: "me pregunto qué mirada completará tanta belleza escondida. Pensá en todas las flores, todos los animales, todas las piedras que nunca serán vistas. A quién se entregarán. Porque aún sigo creyendo, contra toda esperanza, que el sentido es donación de sí. ¿Vos esperás que haya una gran mirada que te rescate de recaer en el secreto o habrá muchas miradas, fugaces, como pequeñas salvaciones?".

(El sentido es donación de sí ... si era cierto yo estaba en problemas serios).

La idea no me dejaba en paz; presentía el salto como quien anticipa el rumor de un manantial sin verlo todavía. ¡¡¿Por qué, maldita sea, si todo iba tan bien?!!

Debí decirle más de lo que quería, confesarle mis tensiones entre el sentido común y las ganas que tenía de (encontrarla) conocerla. Pero en cualquier apuesta se puede perderlo todo en lugar de ganar algo. Hicimos un trato (pacta sunt servanda rebus sic stantibus): Mientras estés ahí, yo aquí para vos.

"Qué extraño modo de estar" dijo mientras comparaba nuestro mail con un cometa fatigoso de larguísima cola.

Ese día empezó (la angustia) el desasosiego (cierto drogón petulante que Sonia admira diría ¿has visto alguna vez caer la lluvia en un día soleado?). Estaba lidiando con un miedo nuevo, oscuro como una caries: si ella se decidía por el cansancio yo le perdería pista sin manera de rastrearla. Le conté de esa soga que me buscaba el cuello. Y ella: "Elijo cada palabra que te escribo. No por prudencia sino por placer. Porque sí. Y porque espero me respondas. También temo que un día no lo hagas, que te canses, que te aburras. Pero los que estamos ' en el medio' sabemos que todo encuentro encierra despedidas. Y que nuestra mayor fidelidad se la debemos al camino".

Silencio de radio, todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Al día siguiente un mail con la frase "jaque mate" en el asunto transportó dos series de cuatro números cada una separados por un guión.

Ahora mi mundo se movía hacia adelante.

miércoles, 9 de abril de 2008

3.

Hacía tiempo que la idea rectora de mis días era seguir, rodar y rodar como las piedras para no criar musgo. Aquella pantalla me daba un respiro cotidiano que se me fué haciendo ... bueno ... placentero.
Sabido su gusto por la literatura me aventuré a enviarle algunos versos que había escrito tiempo atrás para conocer su opinión y advirtió en ellos una súplica velada, un amor sin amada. Le conté de mis viajes de trabajo, de los paisajes de belleza hiriente a cuya conservación tributaba mi esfuerzo y ella dijo que aunque las heridas son, per se, escandalosas, hay algo de belleza en la humanidad herida. Un milagro aguerrido. También que sus paisajes fueron distintos a los míos, que su vida estuvo lejos de la serenidad de los monasterios y llena de la paz de meditar en las noches fatigosas y solitarias, después de haber compartido un día más con las pobres gentes. Uno tras otro viajaron los poemas con boleto redondo.
Entretanto la historia del hombre se movía hacia adelante sin retorno posible; caían las torres gemelas en el norte y aquí, en el sur mi Patria querida se desbarrancaba. Y nosotros tan campantes intercambiábamos quebrantos. Me habló de las zozobras económicas que atravesaba la empresa familiar en la que trabajaba y del temor por la salud de su hermano, uno de los directivos; yo le conté del mal intransigente y brutal que había derribado a mi padre hacía 5 meses (cuando todavía quedaba tanto por compartir) y de las cuatro frescas que le cantaría a Dios cuando lo viera cara a cara. Pensaba en aquellos mail como en los paños superpuestos de una cebolla. ¿Qué más habría?

Me faltan cifras pero las calculo, me faltan datos pero los vislumbro - amenacé - y ella me advirtió que estábamos en los extremos de la actitud más delicada que pueda tenerse frente al otro, aún frente al otro que vemos..

Ensayamos y erramos (ninguno de los dos resultó buen semiólogo).

Ella: Hasta ahora das con el perfil del protagonista de ' Grupo de familia' (Burt Lancaster), que dirigió Luchino Visconti. ¿La has visto?. En la película es un maduro profesor que vive solo, con una vieja criada. Su universo está compuesto de libros, objetos de arte y cuadros antiguos. Ha construído una soledad privilegiada y protegida, con delicados y agrietados espejos de la vida, que examina minuciosamente. Como toda historia digna de ser contada, ésta tiene su origen en una fractura. Quizá este hombre sumido en un sueño de equilibrios no tenga que ver con vos. Yo creo encontrarlo en tus poemas, en la manera en que, a veces, flexionás los verbos al dirigirte a mí, en cierto donaire en la escitura. Tus cincuenta años los fui sumando por la elegancia de tus poemas que remiten a otros tiempos.

Ahora mis percepciones: 1) Sos una mujer refugiada en vos misma (con algún escudo protector) probablemente debido a una crisis de fé, instruída de motu propio (de lo contrario, las letras y la filosofía hubieran sido opciones poco prácticas) y sumamente culta. Esto revela la necesidad de encontrar algo que buscas detenidamente (sin desesperación) y hasta ahora sin éxito, pero todavía no sé qué es.
2) No tenés hijos, de lo contrario el televisor se hubiera puesto en funciones hace rato. 3) Vivís cómoda pero adustamente y no tiene que ver con las zozobras económicas referidas. Es más bien porque las búsquedas interiores no requieren objetos tangibles. 4) Tu imágen es decorosa, prolija y sobria, desprovista de adornos y de maquillaje, y tiene sin embargo detalles naturales intrínsecos que te agradan lo bastante como para habitar tu cuerpo con serenidad. 5) Estás habituada a responder al llamado de los que te rodean (yo, por ejemplo, de alguna manera) con trato solícito, lo que me lleva a concluir que no sos el único ser viviente de tu casa. Probablemente convivas con muchas plantas o con alguna mascota (un gato me parece lo más apropiado en forma no excluyente). 6) Sos disciplinada y austera en la elección de las palabras, lo que me hace pensar que te gusta escuchar.¿Cómo voy hasta ahora?



Tengo 35 (la reputísima madre que lo parió) - pensé - y ella dijo: me has robado los colores (decorosa, prolija, sobria, adustamente, solícita, disciplinada, austera...) Tengo un lápiz de labios color malvón.

(No estaba mal, nada mal).

martes, 8 de abril de 2008

2.

Estaba entretenido, lo que ya era bastante por entonces. Quería hacer durar un poco más ese rato sólo mío de compartir sin riesgo las cosas que me gustan y no tenía nada (absolutamente nada) que perder. No había en el asunto, mayor expectativa que en cualquier otro encuentro despojado, digamos por ejemplo, la charla breve y cortés que pudiera mantenerse con un desconocido durante el viaje en ascensor. Sólo que esta era ... bueno ... muy interesante. Fui por más.

From: Pablo Manzano
To: Bacigalupo
Sent: Sunday, September 09, 2001 2:07 PM
Subject: Gracias

Estimada Mónica:

Antes que nada quisiera agradecerle (con convicción sincera) que compartiera conmigo mundos interiores (y anteriores) tan atesorados.
Lo segundo en orden de importancia es desearle de corazón que supere pronto aquello que la deprime, cualquiera sea su causa. En los tiempos que corren la alegría es un bien que amerita la más encendida defensa contra los ataques de la realidad.
Por lo demás le confieso, sentí alguna perturbación por el descubrimiento. Desde ya ignoraba su pasado monástico, pero eso no me afectó en absoluto. La pequeña conmoción viene del diálogo con alguien cuya espiritualidad es eje central de su vida (o al menos lo ha sido). Será quizá porque la formación racionalista y clásica tiende a quitar protagonismo al espíritu, que algunas de sus reflexiones representan para mí una habilidad imposible de adquirir. Mi perturbación, le decía, vino de esta certidumbre.
No creo tener nada escrito de Felisberto Hernández, pero su estado anímico me hace dudar respecto a la pericia del autor.
La saluda con afecto,

(Novarum)



Y ella me perdió el respeto, a tan poco tiempo vista.


From: Bacigalupo
To: Pablo Manzano
Sent: Sunday, September 09, 2001 6:33 PM
Subject: RE: Gracias

Vos escribís eligiendo cada palabra con la meticulosidad y precisión con la que se elige y retira un palito chino de esa montaña informe que amenaza a cada instante con desbarrancarse. Yo, con el mismo gesto atropellado de los niños que, en carnaval, hacen estallar bombitas de colores.

Si lees la palabra deprimida, te autorizo a que desdramatices el concepto y busques su razón de estar allí en función del conjunto. Como una pincelada. (Fe de erratas. Donde dice deprimida debe decir algo así: ' Es tanto lo que me conmueve cuando doy con alguien que sabe enredar palabras con magia y tanto mi deseo y tanta la distancia y ...' )

Felisberto Hernández recurre casi siempre a la memoria. Pero no evoca simplemente los sucesos del pasado sino que al apropiarse de la realidad, mediante el proceso de percepción, la transforma insuflando en los objetos y personas una vida extraña. Es literatura fantástica, pero no estrambótica. Una prosa sencilla y con gracia.

Espero que puedas leer alguno de sus cuentos y te guste. (El balcón
y Mi primer concierto me parecen encantadores) Por mi parte, me espera una tarde de sobrinos, cine y pochoclos pegoteados en la manga de mi saco.



(Disculpame Muñeca pero yo uso profesionalmente las palabras y te voy a enseñar tres o cuatro cositas para que te queden bien claras)


From: Pablo Manzano
To: Bacigalupo
Sent: Sunday, September 09, 2001 9:33 PM
Subject: Re: Gracias de nuevo

Estimada Mónica:

Poca diferencia hace la meticulosidad o el atropello en la selección de una palabra entre muchas. Cierto es que las palabras no establecen la cosa que designan, pero resultan convenciones generalmente aceptadas que permiten el lenguaje articulado (aún para Felisberto Hernández un piano es un instrumento musical y un acomodador es alguien que nos guía en el cine cuando se apaga la luz). Cuando se habla de depresión, difícilmente haya posiciones encontradas respecto a su significado; veamos:
1) Si digo que hay una depresión en el camino (aún si lo digo poéticamente) dudo que mi interlocutor mire hacia arriba. Eso significa que de modo tácito acordamos por lo menos que lo deprimido tiende hacia abajo.
2) Si Ud dice estar deprimida no veo cómo cuadre imaginar que quedó simplemente conmovida por una lectura, antes bien evocará tristeza en términos coloquiales o patología en lenguaje clínico.
No dejo de admitir la particular importancia que tienen para mí las palabras y la necesidad exhaustiva de precisar sus alcances (es una deformación profesional), pero eso no me impide interpretarlas en sentido diverso cuando hay acuerdo previo sobre el contexto en el que serán dichas. Las palabras son rótulos que les ponemos a las cosas, pegar una etiqueta de cavernet en una botella de borgoña en nada altera la sustancia de su contenido, pero siendo vinos tan distintos necesitamos dos palabras (en cada idioma) para señalarlos.
Hechas estas salvedades, te agradezco nuevamente las lecturas enviadas, las cuales disfruté mucho, y aprovecho para decirte que conserva plena vigencia la pregunta de rigor: ¿que más tienes?.
Cordialmente,

Pablo (a estas alturas ya no importa)



Y ella muy suelta,

From: Bacigalupo
To: Pablo Manzano
Sent: Tuesday, September 11, 2001 12:18 AM
Subject: RE: Gracias de nuevo

"explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome"

Te transcribo este pequeño poema de Alejandra Pizarnik. No hay dudas del significado de la palabra partir. Podríamos cambiarla por levar anclas, zarpar, sin alterar la imagen que en referencia a barco traza en estos versos. Sin embargo, porque la palabra está formando un todo poético, es posible hacer entrar en juego otros sentidos que están fluctuando en el texto. Me parece que el sentido general del poema me autoriza a leer partir con su acepción de dividir, de fracturar. Esto sería imposible en un artículo periodístico, por ejemplo.
La voz que enuncia está partida, es la que se va ( llevándome) y la que se queda (partió de mí) Esta doble marca pronominal da indicios de un sujeto desdoblado. También la lengua está quebrada, si no encuentra palabras de este mundo es porque las habrá de otro. Entonces, también, dos mundos.
Frente a una palabra hay un margen para que tome decisiones. Hay ciertas coordenadas que son las convenciones de las que hablás y cierta historia que toda palabra trae, diversa en cada cultura. El lugar en el que gesto mi decisión por un sentido entre varios posibles es el de mi interioridad: las experiencias vividas, un capital intelectual, deseos, miedos, etc.
De todas las palabras, la poética es la que me parece más sublime. La que al oscurecerse echa luz sobre nuestro mundo interno. Al velar su sentido, nos revela.
Cuánto disfruto conversando de este tema. Pero es tarde. Mañana, temprano, hay que salir a trabajar. Y si a mis párrafos nunca les pongo encabezamiento, ni firma, es porque los e-mail me parecen un modo peculiar de conversar. Otro arte sublime en extinción. ¿No te parece?



(Ah claro, tira la piedra y se va. Gané por abandono, o cuando mucho empatamos).

lunes, 7 de abril de 2008

1.

No era un día de esos que presagian la ocurrencia de eventos capaces de torcer el rumbo de la historia. Ni siquiera era una linda tarde. Movido por el aburrimiento encendí la computadora (que hasta entonces no era más que un instrumento para trabajar) y me sumé a la horda de pelotudos recién estrenados que solían agolparse en aquel chat. Ya iba de salida cuando alguien (una mujer que intuí profundamente perturbada a partir de la elección de su apodo "Condesa Bathory" - tal vez la más prolífica asesina serial después de Hitler) hizo doble click en mi apodo "Novarum" (del que seguramente algún psicólogo tendría también algo que decir).

Conversamos (no era técnicamente un coloquio pero si igual de entretenido) sobre la búsqueda de la verdad y el tema derivó en las lecturas que cada quien consideraba imprescindibles. Me recomendó un autor - Felisberto Hernandez - del que no había oído hablar, adviertiéndome que la magia de sus textos muchas veces la deprimía. Quedamos en que me mandaría unos links donde encontrar algún fragmento de su obra, y eso hizo. Tiempo después volví a asomarme pero ella ya no estaba allí.

Como suele sucederme con los archivos importantes los perdí. Ahora tenía una excusa.

From: Pablo Manzano
To: Bacigalupo
Sent: Saturday, September 01, 2001 3:56 PM
Subject: De Novarum

A Su Dignísima Alteza, la Condesa Bacigalupo, Señora del Condado de Bathory, Alta Protectora de los Humildes y Defensora de la Fe:

Permítaseme la gracia de dirigirme a Vuestra Merced a fin de anoticiarla del desgraciado evento del que ha sido víctima este humilde plebeyo y servidor.
Ocurre que en oportunidad de recibir su preciado mensaje guardé los datos en un diskette que he buscado afanosa pero infructuosamente desde entonces (¡condéneme la Providencia por semejante descuido!).
Es por ello que me atrevo a distraer a Su Alteza a fin de rogarle quiera concederme la gracia de reenviarme los textos con que a Su Magnanimidad plugo favorecerme en aquella ocasión.
Aprovecho Su Noble atención para hacerle llegar algunas citas de autores contemporáneos que han servido a este súbdito en horas de amarga incertidumbre.
Esperando prontas noticias de Su Merced y agradeciendo desde ya Su ilustrísima deferencia, saluda a Su Alteza con toda reverencia,

Novarum

“Buscaba la certeza. Estaba oprimido y desalentado cuando encontraba que la búsqueda de ella era fútil,” pero con el tiempo “Me he reconciliado con la incertidumbre, porque he crecido hasta verla como inevitable. He crecido para ver que el proceso en sus más altos niveles no es descubrimiento, sino creación y que las dudas e incertidumbres, las aspiraciones y los miedos, son parte del trabajo de la mente.” Benjamín Cardozo.

“la ciencia supone no adorar el ídolo de la certidumbre […] la adoración de este ídolo reprime la audacia y pone en peligro el rigor y la integridad de nuestras constataciones. La opinión equivocada de la ciencia se detalla en su pretensión de tener razón: pues lo que hace al hombre de ciencia no es su posesión del conocimiento, de la verdad irrefutable, sino su indagación de la verdad [realidad] persistente y temerariamente crítica”.
“La ciencia nunca persigue la ilusoria meta de que sus respuestas sean definitivas, ni siquiera probables; antes bien […] la de descubrir incesantemente problemas nuevos, más profundos y más generales y de sujetar nuestras respuestas (siempre provisionales) a contrastaciones constantemente renovadas y cada vez más rigurosas;” “en la lógica de la ciencia que he bosquejado es posible evitar el empleo de los conceptos de verdadero y falso: […] no es menester que digamos que una teoría es falsa, sino solamente que la contradice cierto conjunto de enunciados básicos aceptados.”
“Por consiguiente, la corroboración no es un «valor veritativo».” Karl Popper.

“En las definiciones dogmáticas la noción […] responde a una tendencia irreprimible de la razón: la búsqueda de lo incondicionado. En este caso lo que se busca es una fuente única, ilimitada y suprema, de toda normación y de toda justificación. Tal fuente, si la hay, está más allá de nuestras posibilidades de conocimiento y de expresión.” Genaro Carrió.


Y ella contestó...

From: Bacigalupo
To: Pablo Manzano
Sent: Saturday, September 02, 2001 19:38 PM
Subject: De Novarum


" Bien podría pensarse que esta fuga de la necesidad segura y sólida y esta tendencia a lo ambiguo y a lo indeterminado reflejan una condición de crisis de nuestro tiempo; o bien, por el contrario, que esta poética, en armonía con la ciencia de hoy, expresa la posibilidad positiva de un hombre abierto a una renovación continua de los propios esquemas de vida y conocimiento, productivamente comprometido en un progreso de las propias facultades y de los propios horizontes" Umberto Eco, Opera Aperta

Tus citas, querido Novarum, me remitieron a esta cita. Recuerdo haberla leído hace algunos años, no tantos, mientras acopiaba material para un trabajo sobre estética teológica. La belleza como camino. Supongo que yo ya era tierra fértil para que, lo que en otro momento hubiese sido una lectura más, me turbara profundamente.

Los últimos años de mi vida en el convento, me destinaron exclusivamente al estudio de la filosofía. Busqué apasionadamente la verdad. Pensé que era posible conocer la estructura íntima de la realidad, sin agotarla. Renunciar a la ilusión de las certezas no sólo trajo a mi vida un cambio de horizontes intelectuales. Debí abandonar un universo que me acogía desde mis diecisiete años; un modo de pensar, de vestir, de relacionarme con los demás. Un mundo.

Ya sé que no se puede aspirar a conocer una ' fuente única, ilimitada y suprema de toda normación y de toda justificación' , y sin embargo...



¿No es toda una novedad, una experiencia originalísima? - me dije mientras caía en la cuenta de que nuestro pequeño diálogo se volvía ... bueno, muy interesante.