Esto no es más que una modesta reflexión, ni tan concluyente como para alzarse contra pareceres mejor informados ni tan descabellada que no merezca ser oída: a partir de ciertas constataciones advierto que hombres y mujeres - aparte de ciertas materias que hacen posible la perpetuación de la especie - no se entienden. Quiero decir utilizan los mismos datos simbólicos del lenguaje hablado, escrito o gestual y están contestes en su significado pero el intercambio se da en frecuencias incompatibles: las niñas hablan (y hablan y hablan) hasta agotar la realidad que intentan transmitir, hasta desentrañar minuciosamente cada pequeño matiz de sus emociones o sentires en el caso dado y esperan reciprocidad de parte de su interlocutor; los muchachos, en cambio, informan, discriminan lo que vale la pena ser dicho y lo que no, lo que es útil a efectos de esa comunicación en particular y lo superfluo y se dan por satisfechos con un mensaje claro sin esperar otra cosa que esa misma consideración. Si tomamos esto como figura de análisis tendremos estática en buena parte de los diálogos que se dan entre géneros opuestos, no así entre pares que se entienden lo más bien.
¿Y de dónde viene todo esto? Algunos ejemplos:
La siguiente conversación tuvo lugar entre dos recién casados durante la parada que hizo el ómnibus (Buenos Aires - Bariloche) a las 6:00 AM para reabastecerse:
El: voy a comprarme un café ¿querés que te traiga algo?
Ella: si, traeme un café
El: ¿solo?
Ella: no, con leche
El: si, ¿pero solo?
Ella: no, con leche
El: ¿pero el café solo, nada más?
Ella (subiendo el tono): solo no, con leche, ¿no ves que el café solo me da acidez y no puedo dormir y me pongo de mal humor?
El (recontrapodrido): quiero decir que si además del café, la leche, el azúcar, la taza, la cucharita y el plato, querés alguna otra cosa como por ejemplo una medialuna.
Ella: ahh, no el café solo nomás.
Como ven, las palabras "café" y "solo" sobre cuyas acepciones estaban ambos evidentemente de acuerdo, tenían sin embargo alcances bien diferenciados en el entendimiento de una y otro.
Otro caso. La Tana y yo debíamos asistir a cierto lugar munidos de alguna fotocopia que todavía quedaba por sacar. La librería está al lado de la cochera donde guardo el auto (a una cuadra de casa) y faltaban todavía dos horas y pico, tiempo más que suficiente para sacar las fotocopias y llegar a tiempo a la cita. Eran las 13:00, me senté a almorzar solo (ella ya había comido con los chicos porque acaparó el baño en primer lugar). Este fué el diálogo:
Tana: no te lo tomes con tanta calma que ya estamos sobre la hora.
Yo (mirando el reloj): si, si, ya termino.
Tana (cinco minutos después): ¿todavía estás comiendo?
Yo: es temprano
Tana: ¡qué temprano ni que nada, ya va a ser la una y media!
Yo: ¿y qué? saco las fotocopias en 5 minutos, busco el auto y llegamos al centro en 40´, sobra tiempo ¿para qué tanto apuro?
Tana: porque la librería cierra al mediodía ¿o no?
El dato más importante, el necesario para tomar la decisión no lo dijo en tiempo oportuno y es lo primero que yo hubiera dicho.
Pero hay muchos más argumentos. Nunca dejan de sorprenderme las frases abruptas, intespestivas y descontextualizadas que caracterizan a las féminas, por ejemplo, en mitad de una cena entre semana "vos ya no me querés como antes" (como antes de qué carajo) o las inesperadas derivaciones que puede traer cualquier respuesta razonablemente posible a la pregunta "¿estoy gorda?".
En fin, no es una construcción decidida, pero ¿estoy tan lejos de la verdad?