Eran tiempos auspiciosos. Nuestra relación se afianzaba y crecía, expandiendo - no por las mismas razones - nuestros respectivos vientres; el mío vaya uno a saber por qué, el de la Tana por efecto del embarazo cualitativamente más descomunal que se haya visto jamás. No hubo sobresaltos más allá del ocasional cartelito "enseguida vuelvo" (eufemismo equivalente a "momentáneamente cerrado por vómito") que pude haber encontrado alguna vez colgado en la puerta de la librería que abrimos unos meses antes y que ella atendía con sumo entusiasmo.
Esperaba para el 4 de marzo pero yo tenía la secreta esperanza de que Lolita naciera el 2, aniversario de mi natalicio, en merecido homenaje al autor de sus días, y si no por cortesía al menos por economía de festejos. En fin, ni cortés ni económica resultó.
Alguna idea traía ya de ajetreos maternales y puericultura después de mis dos primeros vástagos y confiado estaba en la asistencia de dichos saberes cuando fuera tiempo de emplearlos, que si para algo ha vivido uno es para no dejarse sorprender. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
A falta de noticias invité a mi cuñado "el Negro" a que viniera a casa la noche de mi cumpleaños y me asara un pacú bien ensillado como sólo saben los misioneros (de Misiones) y vino (de "venir" y del otro) , asó y venció y se nos hicieron las tantas de la madrugada brindando y hablando boludeces hasta que en cierto punto de aquel 03/03/03 la Tana se agarró la panza con las dos manos; no una agarradita de agarrar nomás, se agarró bien agarrada, agarrada como óxido de barco, y me llamó la atención. Y ni falta que hizo porque yo ya había notado el gesto.
- ¿qué tenés Tana?
- ¿además de un bebé?
Mieeeerrrrda, hay que llamar a alguien ya mismo, ¿dónde está el teléfono de Colasurdo y su puta madre?
Marqué frenéticamente y pasé al contestador donde dejé 350 mensajes inconsistentes. Empecé a cobrarle un odio irracional al obstetra del orto ese que apagaba el celular de madrugada ¿qué clase de médico se distrae de su sacerdocio por cuestiones tan prosaicas como dormir? y lo que es peor ¿ahora qué hago yo? porque algo tengo que hacer. Devolvió el llamado al rato largo y que todavía falta, que esto recién empieza, que una Buscapina cada 6 horas y nos vemos mañana a las 5 de la tarde en el consultorio, ¿a las 5, A LAS 5??? pero si faltaban como 12 horas. Y la Tana y sus ay y sus jadeos.
Llegamos temprano a la cita y en mi imaginación el galeno estaría esperándonos con la ambulancia en la puerta para trasladarnos hasta la clínica, pero fíjese que no. Nos atendió su sercretaria, levantando apenas la vista - tomen asiento, el doctor llega de un momento a otro -
(¿Cómo que llega de un momento a otro, dijimos a las 5 y son menos diez, qué hace que no está aquí???).
La Tana me veía transfigurarme ante cada quejido suyo pero me aguanté a lo macho para no ponerla más nerviosa, mientras repasaba una y otra vez la imagen mental de mi puño partiendo la jeta del medicucho ese no bien traspusiera la puerta.
En eso la Tana - andá a comprarme Buscapina que me la olvidé en casa y me duele mucho -
(¿¿¿¿Cómo que te la olvidaste me recontracago en diez, te lo recordé mil veces????)
Y salgo como una exhalación a encontrar una farmacia y la encuentro y compro y vuelvo y entro de nuevo para ver a la Tana sentadita sacando un comprimido del blister y metiéndoselo en la boca.
- ¿No te los habías dejado en casa?
- No, te mandé a comprar para sacarte de acá porque rompí bolsa y vos me ponés más nerviosa.
(¿¿¿¿¡¡¡Cómo que rompiste bolsa!!!???, ¿¿¿¡¡¡A qué hora viene este hijunagranputa!!!!???)
Y entró el facultativo estirado y prolijito con su guardapolvo impecable y dijo lo que todos ya sabíamos pero con el aplomo y la certeza que le da su paso por los claustros académicos.
- Si rompiste bolsa (y vos no sabés lo cerca que estuviste de que te rompa la ñata) hay que internarte ya, andá para la clínica y nos vemos allá, te va a esperar la partera para monitorearte.
Y llegamos y viene la partera y le enchufa el aparato y dice las dos únicas palabras capaces de empeorar mi estado de enajenación mental transitoria: sufrimiento fetal.
(Acá van a empezar a sufrir unos cuantos)
Y entonces me expresé: PERO DÓNDE SE METIÓ COLASURDO ME CAGO EN SU ALMA
- Aquí estoy - dijo lo más campante - vengo a llevarme a su mujer al quirófano. Y se la llevó.
Y me pregunta la partera - ¿trajo pañales?
- Ehh, lo qué?
- Pañales, en algunas clínicas no los proveen.
(¿¿¿¡¡¡Cómo que no los proveen, por qué no avisan carajo!!!???)
Otra vez al auto y a 300 por hora buscando una farmacia que encontré en el culo del mundo y vuelvo con el paquete y me ataja Dorita en el estacionamiento y - andá que ya está naciendo - y me tiro del auto en marcha y corro a la sala de partos y me dan a Lolita envuelta en paños y en gritos. Y tenía todos los deditos, y era rosadita y temblaba y memoricé cada rasgo para que no me la cambien y me la pide la nurse para ponerle un pañal ...
- ¿No era que no los proveían?
- ¿qué cosa?
- Deje, deje, debo haber entendido mal.
martes, 20 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
2001 - 2009
"...Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja..."
Julio Cortázar
(...) Nos dieron las diez hablando de atardeceres y de soledades y yo no podía dejar de mirarle la boca (...)
martes, 29 de septiembre de 2009
Hay lugares que se quedan con uno
Conozco bien mi país, he visto en vivo - y en ocasión de mi trabajo - todos esos lugares que muestran los operadores turísticos promocionando Argentina como destino para consumo de propios y foráneos, el problema es que los tengo muuuuyyy vistos. Y ese paisaje idílico con que tratan de seducirte - y que de cierto no te decepcionará - nunca será lo mismo, digamos, la quincuagésima vez que lo visites. No me estoy quejando, peor sería limpiar los baños de la cancha de Boca, pero un trabajo es un trabajo y por algo le dicen así. Pregúntenle a un ginecólogo - que labura en el mejor de los mundos - si le dura el entusiasmo de la primera incursión.
El caso es que se cambia de perspectiva cuando ya se ha grabado la belleza en las retinas una y otra vez y así es, por ejemplo, como uno empieza a encontrar más divertido sentarse a observar a las chicas que vuelven del balcón de Garganta del Diablo en Cataratas del Iguazú con sus remeras empapadas y ceñidas por la nube de agua que contemplar la majestuosidad de esa caída espectacular (hablo del salto off course). O mirando el glaciar Perito Moreno se pone a calcular el riesgo de morir en la pasarela ensartado por una astilla de hielo milenario catapultada a la velocidad de una bala durante algún desprendimiento, no se rian ha ocurrido, no es imaginación es estadística. O simplemente termina sin poder identificar a qué lugar preciso corresponde determinada imagen mental de un lago, de una montaña, de un atardecer, de un cielo límpido o cualquier combinación posible de todas ellas.
Pero hay también lugares que se quedan con uno, a los que siempre se vuelve con el mismo gusto y justifican sobradamente hacer en 3 días el trabajo de 4 para rapiñarle al yugo un rato y dedicarlo a mirar sin cansarse de ver.
Seas de aquí o de allá, no pases de estos pagos sin conocer ...
El caso es que se cambia de perspectiva cuando ya se ha grabado la belleza en las retinas una y otra vez y así es, por ejemplo, como uno empieza a encontrar más divertido sentarse a observar a las chicas que vuelven del balcón de Garganta del Diablo en Cataratas del Iguazú con sus remeras empapadas y ceñidas por la nube de agua que contemplar la majestuosidad de esa caída espectacular (hablo del salto off course). O mirando el glaciar Perito Moreno se pone a calcular el riesgo de morir en la pasarela ensartado por una astilla de hielo milenario catapultada a la velocidad de una bala durante algún desprendimiento, no se rian ha ocurrido, no es imaginación es estadística. O simplemente termina sin poder identificar a qué lugar preciso corresponde determinada imagen mental de un lago, de una montaña, de un atardecer, de un cielo límpido o cualquier combinación posible de todas ellas.
Pero hay también lugares que se quedan con uno, a los que siempre se vuelve con el mismo gusto y justifican sobradamente hacer en 3 días el trabajo de 4 para rapiñarle al yugo un rato y dedicarlo a mirar sin cansarse de ver.
Seas de aquí o de allá, no pases de estos pagos sin conocer ...
viernes, 18 de septiembre de 2009
El Asturiano
Me tomé unas cuantas molestias para traerte hasta aquí, por no hablar de las fatigas que dicha empresa causó también a otros a ambos lados del océano, te puse un nombre altisonante - Hugonote (Hugo para los íntimos) - que se aviniera al propósito de designar al ejemplar fundante de una larga dinastía de centinelas formidables y hoy me pregunto cómo llegarás a serlo algún día si te pasás la vida mariconeando.
En fin, al decir de Juan, parece que de nuevo el destino y yo hicimos planes bien distintos.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Amigos
El nunca le ha hecho daño a nadie ni ha tenido una sola vez alguna actitud agresiva, es seguro de sí y por lo mismo le vienen sobrando las manifestaciones de poder con que suelen aturdir los que no lo son. Claro que no por eso uno baja la guardia, su carácter apacible no anula la enorme potencialidad ofensiva con que vino dotado de fábrica, conviene no correr riesgos a menos que se esté dispuesto a rascar el propio culo con un garfio de por vida, pero entiéndase bien: hablo de respeto, no de desconfianza. Con todos nosotros es afectuoso y se atiene escrupulosamente a la línea de mando pero tiene su favorita y bien se le nota.
Cuando están juntos (y sólo entonces) él echa las orejas hacia atrás y pone esa mirada seca, vigorosa y desafiante, como preguntando ¿a qué no hay huevos para hacerle algo malo a Lolita delante mío?
Cuando están juntos (y sólo entonces) él echa las orejas hacia atrás y pone esa mirada seca, vigorosa y desafiante, como preguntando ¿a qué no hay huevos para hacerle algo malo a Lolita delante mío?
¿Ven lo que digo?
martes, 1 de septiembre de 2009
Esplenden
Una teoría mía - de mi entera creación - predica que todo hijo de vecino posee en sí mismo y como cualidad innata una lumbre interior, como un cierto brillo digamos. A algunos se les nota más que a otros, o sólo por momentos, o sólo una vez en la vida, o a diferentes intensidades y hay incluso quienes, como el horno de carbón, tienen el fuego tapado. Pero hay también personas que esplenden y son por supuesto las menos abundantes; simplemente esplenden, no es algo que se propongan (a veces hasta ignoran su propia condición) ni que hayan adquirido con el tiempo, es algo que les pasa, así de simple. Y eso no las hace mejores ni peores por la misma razón que aplica a cualquier otra característica que uno traiga de cuna: no hicieron mérito ni demérito para ser como son, nada más nacieron así. De hecho han existido y existirán seres nobles hasta el sacrificio, paladines conocidos, héroes anónimos, gente que ha puesto la vida detrás de un compromiso, grandes hombres y mujeres que dejaron monumentos tras de sí y que hicieron o hacen del mundo un lugar mejor con su lucha silenciosa y cotidiana, pero, sin embargon no esplenden. No hablo de prodigios, hablo de personas que simplemente esplenden, no sé si me explico.
Una cosa puedo decirte, si has conocido a alguno de ellos nunca lo olvidarás. Son esos seres que nos atraen naturalmente (porque a todos nos gusta la luz), que miramos y vemos y volvemos a mirar, aquellos cuya compañía se siente confortable aunque no los conozcamos, aunque ni siquiera nos dirijan la palabra, los que nos inspiran confianza sin razón aparente y de quienes, ni remotamente, esperaríamos algo malo. Y así como uno los ve los demás también los ven. No hablo de carisma, es otra cosa, no sé si queda claro.
¿Te ha pasado de hablar con un extraño y contarle cosas que guardás bajo siete sellos? ¿Alguna vez cediste tu turno en la fila del banco para que te atienda determinado/a empleado/a? ¿Te has sentido en la libertad de llorar frente a alguien con quien no te une ningún lazo? Ves, de eso te hablo, si no lo captás es porque estás mirando otro canal.
Puede ser cualquiera, una abuela por ejemplo que detuvo la carrera enloquecida de un doberman entrenado ofreciéndole un caramelo y que en un sólo momento lo puso panza arriba haciendo arrumacos como un cachorrito ante los ojos desorbitados de su dueño (el dueño del perro, no de la abuela, prestá atención). O una médica residente que contuvo el duelo de tu pérdida no a falta de alguien más sino haciendo suyo un dolor que era tuyo. O una mujer capaz de conectarse con la angustia ajena de tal modo que la agente de policía que patrulla la calle del negocio donde trabaja le desnudó sus penurias a lágrima encendida y otra perfecta extraña que vive enfrente le confíó las llaves de su casa sin conocerla (a la mujer luminosa no a su propia casa ya que vive ahí; ¿ves que estás en otra?), basada únicamente en la intuición. O una empleada de la obra social que tiene algo en la mirada que te asegura que realmente está para ayudarte. O una niña que sonríe con una sonrisa de un millón de dólares cuya sola contemplación te hace sentir tontamente alegre.
¿Me vas entendiendo? Bueno, no importa, de todas formas mirá con cuidado que en cualquier momento te cruzás con alguno/a.
Una cosa puedo decirte, si has conocido a alguno de ellos nunca lo olvidarás. Son esos seres que nos atraen naturalmente (porque a todos nos gusta la luz), que miramos y vemos y volvemos a mirar, aquellos cuya compañía se siente confortable aunque no los conozcamos, aunque ni siquiera nos dirijan la palabra, los que nos inspiran confianza sin razón aparente y de quienes, ni remotamente, esperaríamos algo malo. Y así como uno los ve los demás también los ven. No hablo de carisma, es otra cosa, no sé si queda claro.
¿Te ha pasado de hablar con un extraño y contarle cosas que guardás bajo siete sellos? ¿Alguna vez cediste tu turno en la fila del banco para que te atienda determinado/a empleado/a? ¿Te has sentido en la libertad de llorar frente a alguien con quien no te une ningún lazo? Ves, de eso te hablo, si no lo captás es porque estás mirando otro canal.
Puede ser cualquiera, una abuela por ejemplo que detuvo la carrera enloquecida de un doberman entrenado ofreciéndole un caramelo y que en un sólo momento lo puso panza arriba haciendo arrumacos como un cachorrito ante los ojos desorbitados de su dueño (el dueño del perro, no de la abuela, prestá atención). O una médica residente que contuvo el duelo de tu pérdida no a falta de alguien más sino haciendo suyo un dolor que era tuyo. O una mujer capaz de conectarse con la angustia ajena de tal modo que la agente de policía que patrulla la calle del negocio donde trabaja le desnudó sus penurias a lágrima encendida y otra perfecta extraña que vive enfrente le confíó las llaves de su casa sin conocerla (a la mujer luminosa no a su propia casa ya que vive ahí; ¿ves que estás en otra?), basada únicamente en la intuición. O una empleada de la obra social que tiene algo en la mirada que te asegura que realmente está para ayudarte. O una niña que sonríe con una sonrisa de un millón de dólares cuya sola contemplación te hace sentir tontamente alegre.
¿Me vas entendiendo? Bueno, no importa, de todas formas mirá con cuidado que en cualquier momento te cruzás con alguno/a.
lunes, 24 de agosto de 2009
De vez en cuando la vida
A ver cómo pongo un poco de orden a los recuerdos que se me vienen en malón, cada uno de ellos reclamando el primer puesto en orden de importancia, a ver cómo les saco la dimensión épica que les da la memoria para que sólo quede la emoción pura, tal como la viví. ¿Han notado que cuando uno es feliz no es consciente de serlo hasta después de evocar el momento? la Tana dice que eso es porque el hombre (no como categoría genéricamente comprensiva de la raza humana sino en la acepción restringida al macho de dicha especie) no puede hacer dos cosas al mismo tiempo. Vaya uno a saber.
Vamos por partes dijo Jack el destripador.
Algo se ha dicho ya de periplos, abrazos, risas, delicias y bebidas, lo que quiero contar es otra cosa, lo que tengo metido aquí (algún punto a medio camino entre la garganta y el esófago) son los detalles y si no los cuento exploto.
La modesta espera de cuatro horas en el aeropuerto (y digo modesta porque todos los que viajamos por la aerolínea de bandera sabemos que a la hora de ser impuntual puede hacerlo mucho mejor) que soportó la familia en pleno sentada en una escalera es, en sí misma, un detalle de consideración estoica, lo que acaso no se sepa es que viajaron unos 1000 km desde Jaén a Madrid y vuelta en un día (como de Buenos Aires a Mar del Plata con boleto redondo) para buscarme, y que pese a eso no hubo un sólo atisbo de fastidio en aquellos abrazos descomunales, en aquellas caras genuinamente alegres. ¿Saben? cuando viajo por trabajo también me esperan y hasta me reciben cordialmente pero les aseguro que no se alegran de verme (bueno nadie en sus cabales se alegra de ver a un auditor), la diferencia es un abismo.
Llegamos casi con la noche encima y la casa se me brindó de tal manera que se precisa ser un iluminado para advertir, si la hay, alguna diferencia con la comodidad y el bienestar del hogar propio. Por lo pronto (no tendré la práctica pero la teoría en materia gastronómica sí la conozco bien) el pulpito a la gallega que cenamos (que dicho sea de paso está entre los 3 o 4 platos que más me gustan) no es algo que uno pueda dejar preparado, debe hacerse en el momento (claro, en el momento que deja encaminar la casa, atender chicos, disponer todo y beber una cerveza conmigo) y qué bueno estaba.
A la mañana siguiente Juan me muestra el itinerario de mi viaje, unas 6 hojas A4 prolijamente redactadas, que incluían lugares de visita, tiempos de traslados, tascas a ser visitadas y qué debía pedirse en cada una, en fin una planificación exhaustiva que cumplimos en buen grado aunque no, por cierto, en la medida de su expectativa.
A excepción de Granada (donde sólo fuimos Juan y yo) el resto de los paseos los hicimos en alegre montón. Imaginen la gracia que le puede hacer a 4 chicos visitar durante sus vacaciones de verano la mezquita de Córdoba y sin embargo tan compuestos, tan amables, tan cariñosos. Hemos hecho juntos, en total, más de 2.500 km en auto y en todo ese tiempo ni una sola queja, ni un sólo berrinche, ni una sola pelea; no conozco el llanto de Daniela. A estas alturas tengo hechas algunas teorías conspirativas, para mí que son chicos encargados por catálogo y deben haber costado una fortuna.
Luisa es una mujer sorprendente, tuvo razón 3 veces en sólo 7 días: nos dijo que el equipaje no iba bien amañado sobre el techo de la camioneta y el extraño caso de las valijas voladoras confirmó su postura, dijo también que la casa de Asturias estaba bien para el uso que le daríamos y así fué, mejor que bien, y por último me advirtió que 100° C era poca temperatura para asar semejante cantidad de carne; de no haberle hecho caso todavía estaría cocinándose ese cordero. Y hay que verla arriando tropa, qué voz de mando, qué determinación, cuántos generales han pasado a la historia con mucho menos.
Y qué decir de mi amigo Juan, ese pequeño gran hombre. Alguien dijo alguna vez que toda organización funciona tan bien como la cabeza que la dirige y es tan fuerte como su eslabón más débil; en esa familia hay cerebro y músculo pero sobre todo corazón, si algo explica el bienestar que se respira más allá de las atenciones que a mí me dispensaron es la devoción que se tienen entre ellos. Realmente da gusto.
Este viaje fué un regalo hermoso, una de esas cosas entrañables que pasan porque sí y que descuentan con holgura esos otros momentos en que uno mira al Cielo preguntándose por qué tiene que pasarle lo que le pasa.
Nos volveremos a ver.
Vamos por partes dijo Jack el destripador.
Algo se ha dicho ya de periplos, abrazos, risas, delicias y bebidas, lo que quiero contar es otra cosa, lo que tengo metido aquí (algún punto a medio camino entre la garganta y el esófago) son los detalles y si no los cuento exploto.
La modesta espera de cuatro horas en el aeropuerto (y digo modesta porque todos los que viajamos por la aerolínea de bandera sabemos que a la hora de ser impuntual puede hacerlo mucho mejor) que soportó la familia en pleno sentada en una escalera es, en sí misma, un detalle de consideración estoica, lo que acaso no se sepa es que viajaron unos 1000 km desde Jaén a Madrid y vuelta en un día (como de Buenos Aires a Mar del Plata con boleto redondo) para buscarme, y que pese a eso no hubo un sólo atisbo de fastidio en aquellos abrazos descomunales, en aquellas caras genuinamente alegres. ¿Saben? cuando viajo por trabajo también me esperan y hasta me reciben cordialmente pero les aseguro que no se alegran de verme (bueno nadie en sus cabales se alegra de ver a un auditor), la diferencia es un abismo.
Llegamos casi con la noche encima y la casa se me brindó de tal manera que se precisa ser un iluminado para advertir, si la hay, alguna diferencia con la comodidad y el bienestar del hogar propio. Por lo pronto (no tendré la práctica pero la teoría en materia gastronómica sí la conozco bien) el pulpito a la gallega que cenamos (que dicho sea de paso está entre los 3 o 4 platos que más me gustan) no es algo que uno pueda dejar preparado, debe hacerse en el momento (claro, en el momento que deja encaminar la casa, atender chicos, disponer todo y beber una cerveza conmigo) y qué bueno estaba.
A la mañana siguiente Juan me muestra el itinerario de mi viaje, unas 6 hojas A4 prolijamente redactadas, que incluían lugares de visita, tiempos de traslados, tascas a ser visitadas y qué debía pedirse en cada una, en fin una planificación exhaustiva que cumplimos en buen grado aunque no, por cierto, en la medida de su expectativa.
A excepción de Granada (donde sólo fuimos Juan y yo) el resto de los paseos los hicimos en alegre montón. Imaginen la gracia que le puede hacer a 4 chicos visitar durante sus vacaciones de verano la mezquita de Córdoba y sin embargo tan compuestos, tan amables, tan cariñosos. Hemos hecho juntos, en total, más de 2.500 km en auto y en todo ese tiempo ni una sola queja, ni un sólo berrinche, ni una sola pelea; no conozco el llanto de Daniela. A estas alturas tengo hechas algunas teorías conspirativas, para mí que son chicos encargados por catálogo y deben haber costado una fortuna.
Luisa es una mujer sorprendente, tuvo razón 3 veces en sólo 7 días: nos dijo que el equipaje no iba bien amañado sobre el techo de la camioneta y el extraño caso de las valijas voladoras confirmó su postura, dijo también que la casa de Asturias estaba bien para el uso que le daríamos y así fué, mejor que bien, y por último me advirtió que 100° C era poca temperatura para asar semejante cantidad de carne; de no haberle hecho caso todavía estaría cocinándose ese cordero. Y hay que verla arriando tropa, qué voz de mando, qué determinación, cuántos generales han pasado a la historia con mucho menos.
Y qué decir de mi amigo Juan, ese pequeño gran hombre. Alguien dijo alguna vez que toda organización funciona tan bien como la cabeza que la dirige y es tan fuerte como su eslabón más débil; en esa familia hay cerebro y músculo pero sobre todo corazón, si algo explica el bienestar que se respira más allá de las atenciones que a mí me dispensaron es la devoción que se tienen entre ellos. Realmente da gusto.
Este viaje fué un regalo hermoso, una de esas cosas entrañables que pasan porque sí y que descuentan con holgura esos otros momentos en que uno mira al Cielo preguntándose por qué tiene que pasarle lo que le pasa.
Nos volveremos a ver.
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