viernes, 25 de junio de 2010

Eliminatorias

... así que yo, secretamente, voy a festejar los goles de los dos sin tomar partido ¿viste? porque en este punto no ayudan mucho ni la estadística que es una gran mentira ni los méritos previos - por lo menos hasta que se invente el mereciómetro - ni las glorias ya habidas, al contrario, todo suma nervios y no es cuestión de ponerse como loco que como dice mi vieja el fútbol sólo es un juego - ¡¡¡ LAS PELOTAS !!! - digo las pelotas no son todas iguales ni despiertan las mismas adhesiones, ahí tenés sin ir más lejos las elitistas pelotitas de golf no me vas a comparar por Dió, y como sé que se toma en serio, bien en serio, tan en serio como lo que es realmente serio digamos, yo no voy a mostrar preferencias hasta que me toque en carne propia y ahí que me perdone la Chamaquita pero la albiceleste como decía el flaco Menotti - Masotti pa´los amigos - está por encima de los hombres y de los nombres, así que Juan, Pal suerte para los dos dos y que gane el más mejor, o el menos peor, o el que tenga más suerte, yo argentino, y bastante enrosque tengo con ...

lunes, 31 de mayo de 2010

Cosa de hombres

- Le vua a hacer una pregunta Chango sin ánimo de molestar, me entró la curiosidad desde que usté le dice a su madre, a Eva, a la almohada, hasta a Lola le dice, pero a mi nunca y me dan como ganas de saber ¿vio? porque papá lo quiere mucho a Goyo y Goyo ¿lo quiere a Papá?

- Siii te quiero papaaaaaaá (con tono de "pero sí quedate tranqui mirá las cosas que se te ocurren" y esa sonrisa inmensa de sandía recién lustrada que me hace).

- Bueno Tano me sacó un peso de encima mire, y ya que estamos en tema y si no es abusar de su confianza dígame ¿a quién quiere más a papá o a mamá?

Pausa grave y reflexiva como rumiando la respuesta .... un minuto más o menos.

- A mamá (con gesto serio y tono de "a mamá toda la vida y por afano").

- Ya me lo sospechaba Tano mamero, blandengue y sobeta.

martes, 25 de mayo de 2010

¡Viva la Patria!

... para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino ...

martes, 18 de mayo de 2010

Margretta

Cada verano la misma historia, con todas las materias de ciencias exactas al hombro y peligrando en algún caso el pase de año, al volver de las vacaciones mi madre me hacía cumplir un exilio forzoso de casi dos meses en la antigua casona de mi abuela ubicada en Villa Ballester, lugar que concentra una muestra importante de alemanes inmigrantes en el gran Buenos Aires. Así son los teutones, Dios los cría y ellos se juntan. No es que a la Colorada le faltara empeño para enderezar retoños torcidos como quien suscribe, pero tampoco se podía soslayar la implacable eficiencia de la vieja y su scoring impecable de hacerme aprobar todos los años todas las materias pendientes, así que era una fija nacional, el 16 de enero de cada año yo partía, mochila y libros a cuestas, a tomar el tren que va al noroeste.

Mi abuela Margarita (Margretta Johanna Heinze), Margie para su entorno cercano, fue, según yo lo discierno, la mismísima personificación del pragmatismo, capaz como pocas de poner en blanco sobre negro esa compleja gama de matices grises que integra la realidad. Su pensamiento era simple y secuencial; hay reglas a ser cumplidas y hay que hacer lo que hay que hacer, no como si pudiera o no hacerse o hacerse de modo distinto - incluso con una variación infinitesimal - a lo prescripto por la regla, no no; HAY QUE HACER LO QUE HAY QUE HACER, no se si me explico.

Para ser honesto yo disfrutaba de aquellas excursiones y la misión en general se me hacía hasta placentera porque - cierto si - había una agenda estricta de asistencia a la profesora particular que ella contrataba ad efectum por la mañana y cumplimiento efectivo y comprobable de todas los ejercicios que me daba como tarea para el otro día por las tardes, pero también mejoraba notablemente la oferta gastronómica a la que estaba acostumbrado, no sólo porque la vieja tenía manos mágicas (toda su vida eran sus manos) sino también y principalmente porque siempre tuvo una poco disimulada predilección por mí. Mi abuelo solía decir que el día que yo nací se le paró el reloj y ahí quedó todo el amor que tenía hasta el fin de sus días. Digamos si ella me preguntaba qué quería para cenar y a mí se me antojaba un sandwich de oreja de chimpancé con tomate y mayonesa en pan de centeno lo peor que podía pasarme esa noche era que no hubiera conseguido pan de centeno. Mi abuela me amaba más según creo de lo que amó jamás a nadie, era algo palpable.

El aspecto social era la única regla que se me hacía cuesta arriba, en lo que duraba el retiro y hasta el examen en ciernes quedaba absoluta, terminante, inmutable, inclaudicable e insuperablemente prohibida bajo toda circunstancia cualquier salida nocturna de cualquier naturaleza; después de la cena alguna película en la tele y antes de la medianoche a dormir que mañana tempranito había clase particular de la que sólo podía eximirme muriendo durante el sueño. De lunes a viernes vaya y pase pero el sábado me agarraba como cosa nomás de pensar en la terrible joda que estarían disfrutando mis amigos. Algo había que hacer.

Puesto en la necesidad me brotan las coplas como agua de manantial así que uniendo acción y pensamiento me las arreglé para hablar por teléfono público con Dino (en la casa no había teléfono, públicos muy pocos en el barrio y que encima funcionara todo un prodigio) y quedamos en que me pasaría a buscar a la medianoche de aquel sábado para irnos de turné por ahí. El plan era que él se apostaría en la vereda de enfrente (es un barrio de casa bajas) y a las 12:00 en punto haría tres guiños con linterna hacia la ventana de mi cuarto en la planta alta, yo respondería con idéntica contraseña que no había moros en la costa y hecho esto saldría por la ventana, caminaría por el techo de tejas hasta la medianera y por ella hasta cruzar el jardín y saltar a la calle y regresaría por el mismo camino antes del amanecer sin que se hubiera advertido mi ausencia. Hasta hoy sostenemos, tanto Dino como yo, que aquel fue de nuestros mejores planes, tan bueno que incluso casi funcionó.

(continuará)

jueves, 29 de abril de 2010

¡Feliz día del animal!




A mi querida fauna (por estricto orden de aparición):


Jacinta

Tango

Ashi

Ana

Hugonote










viernes, 26 de marzo de 2010

48 horas

... además yo no se nada de objetos transicionales ni me importa un carajo, como si la psicología tuviera la llave maestra de los grandes enigmas humanos, lo mío es mas inmediato ¿entendés? mas del aquí y ahora por eso me abanico con la promesa futura de larga vida, bienestar y aire puro ¿me vas a decir que sólo yo ensucio el aire? ¿y ustedes que son, superhéroes?, hoy resulta que se plantan en el no irreconciliable y te dejan afuera hasta de los bares como si uno fuera leproso, sigan jodiendo nomás pero no se quejen el día que toda esta intolerancia desate la tercera guerra mundial, por que es así ¿viste? para incendiar un bosque no se necesita un lanzallamas, alcanza con un fosforito y ustedes llevan rompiendo las bolas el tiempo suficiente para desatar una tragedia y al divino pedo porque decime si no hay mejores propósitos a los que destinar tanta energía legislativa, tanta campaña del Ministerio de Salud, tanta bibliografía especializada, tanto reporte de la OMS que nadie se cansa de recomendar aunque sí de leer, pero haceme el favor, a quién le ganaron, qué quieren inventar, "perjudicial para la salud" psé, perjudiciales para la salud también son las suegras y nadie les cuelga un cartelito del pecho por eso, ni las manda a sentarse en la vereda o en la mesa que está justo al lado del baño, dejate de joder ¿a dónde vamos a ir a parar viejo? basta que algún boludo empiece con la Cruzada para que todos los giles se encolumnen detrás, y no me vengas con que reacciono así porque estoy ansioso, si yo no te decía ni te dabas cuenta y no te dije porque no busco aplausos ¿me entendés?, no quiero tu aprobación ni un carné de socio de la mitad saludable del mundo, lo que yo realmente quisiera es agarrar un Marlboro gordo como la zurda de Maradona y quemarlo hasta la mitad de una sola pitada pero me la aguanto ¿ves? ya van dos días completos con sus horas, sus minutos, sus segundos y sus milésimas y aquí sigo, y no me siento un prístino ni un iluminado en condiciones de servir como faro de los buenos hábitos del prójimo y ahora me encapriché y lo voy a logar porque soy tipo de empezar y terminar ¿viste? no como esos jetones que se prenden en las campañas de concientización con el índice en alto pregonando verdades a diestra y ...

lunes, 15 de marzo de 2010

Ese cielo

Según su costumbre, mis obligaciones me llevaron de nuevo a Bariloche y zonas aledañas la última semana y es ese el escenario de lo que quiero contarles. Nos habíamos propuesto examinar en cinco días todos los juicios de todos los fueros en los que es parte actora o demandada el organismo para el que trabajo, y allí fuimos, dos abogados para unas 50 causas en trámite desparramadas por toda la Patagonia norte.

Generalmente, las cuestiones logísticas son fáciles de resolver, apenas llegamos la autoridad local puso uno de los vehículos oficiales a nuestra disposición, pero déjenme decirles algo que tal vez se ignora respecto a los bienes públicos: como son de muchos son de Nadie y Nadie los cuida. Y poner a disposición no es exactamente lo mismo que entregar las llaves en el acto, pese a todas mi recomendaciones y súplicas me hice de la camioneta recién a las 5 de la tarde del martes, dos horas después de lo que tenía programado salir para cubrir el trayecto Bariloche -Zapala y llegar con luz de día. Son sólo unos 370 km pero muy escasamente transitados, en muchos tramos es camino de cornisa y entre ambos puntos no hay ciudades, qué digo ciudades, no hay siquiera pueblos, o parajes, o áreas de servicio, es más, no hay ni un miserable rancho, NO HAY SEÑAL DE CELULAR, por eso quería salir temprano, pero no. En fin, allá íbamos Tambu y yo, subordinación y valor.

No paramos ni para escurrir las aceitunas sin evitar con eso que la noche más cerrada de la historia del universo nos cayera encima faltando todavía un trayecto de 70 km por recorrer y sin embargo con optimismo desaforado nos imaginábamos en breve sentados a la mesa de algún bodegón avalanzándonos implacables sobre un corderito que llevara apenas horas muerto.

Dijo Murphy (sí, el de las famosas leyes) que todo lo que puede salir mal seguro saldrá mal y no hay construcción más condenadamente decidida ni de mayor comprobación histórica, bien lo se. De súbito la Partner me tembló en las manos haciendo ese ruido clásico como de que algo muy feo le está pasando a alguien (a mí, a nosotros) y sin tocar el freno orillé al costado de la ruta (allí no hay banquinas, hay miles y miles de hectáreas de estepa pelada y muy bien ventilada).

- ¿Pinchamos? - preguntó Tambu
- Eso o entró en convulsiones - le dije
- Bueno, la soga viene con mierda y hay que agarrarla con los dientes - su frase célebre.

Examinen detenidamente la siguiente secuencia de desastres:

1) El vehículo no tenía balizas ni una puta linterna (¿qué clase de idiota no lleva una linterna en el auto?), debimos encender todas las luces para hacernos visibles y disminuir las posibilidades de pasar a formar parte del decorado frontal de algún camión.
2) Criquet, llave cruz y rueda de auxilio no estaban a la vista, los fuimos encontrando instintivamente en distintos compartimientos,tomó cierto tiempo.
3) El auxilio está oculto bajo un armazón sujeto por un bulón a rosca cuya cabeza aparece en el baúl por debajo de la alfombra, tardamos un rato en darnos cuenta después de leer el manual que por supuesto estaba en cualquier lado menos en la guantera donde uno lo buscaría de primera intención.
4) Cuando por fin cambiamos la rueda, la rosca del bulón se falseó y no hubo manera de volver a poner la goma pinchada en el arnés metálico que colgaba tocando el suelo. Con el precinto del matafuego improvisamos un lazo para atarlo y a duras penas conseguimos cerrar el baúl.
5) Nos sentamos, puse el contacto y no hizo una miserable chispa, toda la batería se consumió mientras realizábamos la maniobra.

Bajé del auto con dos pensamientos secuenciales dándome vueltas por la cabeza. El primero fué una frase del Perito Moreno, creador de nuestros Parques Nacionales: "En la humilde aridez de la estepa se oculta la vida"; esperemos que vida sin garras ni dientes ni colmillos venenosos ni aguijones. El segundo pertenece a Serrat. "Todo infortunio esconde alguna ventaja"; y entonces lo ví, el paño oscuro del cielo, tan negro como en el principio de los tiempos, se alzaba exhibiendo todas las estrellas, las que nos corresponden por derecho y todas las demás, es algo que vale la pena contemplar incluso a expensas de un reventón tan desgraciado como inoportuno. Sea cual fuere tu idea de inmensidad cambiaría si vieras ese cielo.

Tambu se paró en el medio de la ruta moviendo los brazos como un náufrago y detuvo tal vez el único auto que hizo el mismo trayecto que nosotros ese día. Por supuesto su conductor no tenía (nosotros tampoco) cables para conectar ambas baterías pero un par de brazos extra nos permitieron mover la Partner en segunda (y cuesta arriba, otro detallecito) hasta que arrancó.

El resto del viaje lo hicimos cantando canciones típicas de cancha sólo que en el estribillo reemplazamos el nombre del odiado equipo rival por el del pelotudo funcionario que nos entregó la camioneta tarde y en las condiciones descriptas supra, a las que en mérito a la brevedad me remito.