viernes 27 de junio de 2008

De hombres, mujeres y otros desastres naturales

Esto no es más que una modesta reflexión, ni tan concluyente como para alzarse contra pareceres mejor informados ni tan descabellada que no merezca ser oída: a partir de ciertas constataciones advierto que hombres y mujeres - aparte de ciertas materias que hacen posible la perpetuación de la especie - no se entienden. Quiero decir utilizan los mismos datos simbólicos del lenguaje hablado, escrito o gestual y están contestes en su significado pero el intercambio se da en frecuencias incompatibles: las niñas hablan (y hablan y hablan) hasta agotar la realidad que intentan transmitir, hasta desentrañar minuciosamente cada pequeño matiz de sus emociones o sentires en el caso dado y esperan reciprocidad de parte de su interlocutor; los muchachos, en cambio, informan, discriminan lo que vale la pena ser dicho y lo que no, lo que es útil a efectos de esa comunicación en particular y lo superfluo y se dan por satisfechos con un mensaje claro sin esperar otra cosa que esa misma consideración. Si tomamos esto como figura de análisis tendremos estática en buena parte de los diálogos que se dan entre géneros opuestos, no así entre pares que se entienden lo más bien.

¿Y de dónde viene todo esto? Algunos ejemplos:

La siguiente conversación tuvo lugar entre dos recién casados durante la parada que hizo el ómnibus (Buenos Aires - Bariloche) a las 6:00 AM para reabastecerse:
El: voy a comprarme un café ¿querés que te traiga algo?
Ella: si, traeme un café
El: ¿solo?
Ella: no, con leche
El: si, ¿pero solo?
Ella: no, con leche
El: ¿pero el café solo, nada más?
Ella (subiendo el tono): solo no, con leche, ¿no ves que el café solo me da acidez y no puedo dormir y me pongo de mal humor?
El (recontrapodrido): quiero decir que si además del café, la leche, el azúcar, la taza, la cucharita y el plato, querés alguna otra cosa como por ejemplo una medialuna.
Ella: ahh, no el café solo nomás.

Como ven, las palabras "café" y "solo" sobre cuyas acepciones estaban ambos evidentemente de acuerdo, tenían sin embargo alcances bien diferenciados en el entendimiento de una y otro.

Otro caso. La Tana y yo debíamos asistir a cierto lugar munidos de alguna fotocopia que todavía quedaba por sacar. La librería está al lado de la cochera donde guardo el auto (a una cuadra de casa) y faltaban todavía dos horas y pico, tiempo más que suficiente para sacar las fotocopias y llegar a tiempo a la cita. Eran las 13:00, me senté a almorzar solo (ella ya había comido con los chicos porque acaparó el baño en primer lugar). Este fué el diálogo:
Tana: no te lo tomes con tanta calma que ya estamos sobre la hora.
Yo (mirando el reloj): si, si, ya termino.
Tana (cinco minutos después): ¿todavía estás comiendo?
Yo: es temprano
Tana: ¡qué temprano ni que nada, ya va a ser la una y media!
Yo: ¿y qué? saco las fotocopias en 5 minutos, busco el auto y llegamos al centro en 40´, sobra tiempo ¿para qué tanto apuro?
Tana: porque la librería cierra al mediodía ¿o no?

El dato más importante, el necesario para tomar la decisión no lo dijo en tiempo oportuno y es lo primero que yo hubiera dicho.

Pero hay muchos más argumentos. Nunca dejan de sorprenderme las frases abruptas, intespestivas y descontextualizadas que caracterizan a las féminas, por ejemplo, en mitad de una cena entre semana "vos ya no me querés como antes" (como antes de qué carajo) o las inesperadas derivaciones que puede traer cualquier respuesta razonablemente posible a la pregunta "¿estoy gorda?".

En fin, no es una construcción decidida, pero ¿estoy tan lejos de la verdad?

lunes 23 de junio de 2008

Tasa interna de retorno

Todo el mundo ha oído acerca de los diez mandamientos, no es que su práctica sea un deporte masivo pero nadie razonablemente informado los desconoce. Acaso del undécimo, presente por defecto en cualquier esfuerzo de interpretación humana, se hable menos; pero es con mucho el más respetado: "Acordarte has de la ecuación costo-beneficio para santificarla".

Nunca he sido la excepción a regla alguna, tampoco a ésta. Y no hablo aquí del intercambio prosaico en el que unas cuantas monedas, servicios, favores o bienes cambian de manos. No señor, hablo de otra cosa.

Hablo de estar ahí para los que están aquí conmigo. Hablo de recibir lo inesperado grande, devolver lo pequeño, agradecido, y de nuevo llenarme las manos de lo grande, cada vez más grande que me vuelve. Hablo (en desorden alfabético y de toda otra índole) de cierta santafesina preguntona igualmente afecta al escándalo que a la risa, de una paloma que cruza el océano cada tanto con el pico cargado de sabidurías letales, de un ama de casa dignamente mediocre (mucho más lo uno que lo otro) capaz de hacer reir y exhasperar al mismo tiempo, de un sueño mordisqueado, para siempre esperanzado, y a veces no, y de nuevo esperanzado, de una chamaquita cálida y fresca como una tardecita de playa, de sobrinas que no conozco aunque bien me sé sus mañas, de mi amigo Juan. Mi AMIGO Juan.

Hablo de canciones con nombre, de palabras mágicas, de hombros desinteresados que se ofrecen para repartir el peso de la preocupación, del milagro gratuito del contacto.

Hablo de una querida gorra roja con la que parezco un fósforo colosal, como para rasparlo en la autopista La Plata - Buenos Aires:


Hablo de una inversión mínima de tiempo, discreción y afecto que me ha rendido el provecho más generoso del que se tenga noticia.

De todos ustedes, de eso hablo.

viernes 13 de junio de 2008

La suma de todos los miedos.

La Tana y yo siempre supimos que Goyo era especial. Lo advertimos en su inclinación por los deportes de invierno (mirar la tele despatarrado en el sofá con el vaso de leche en una mano y catorce galletitas en la otra), en su costumbre de examinar minuciosamente lo que se le ofrece aunque venga de fuente confiable, en su gusto incondicional por la siesta, en sus tiempos provincianos para casi todo (para empezar a gatear, a caminar, a usar cubiertos), en la exagerada economía de palabras, en su lealtad inquebrantable para con los pañales y en su actitud paciente y sin apremios. Mientras pudimos, y de común acuerdo, adjudicamos estas particularidades a su naturaleza pachorrienta; al fin y al cabo, sonriente y feliz (en forma directamente proporcional a la distancia que lo separa de Lola), es (y siempre fue) un caramelo de dulce de leche en busca de mimos. Y además tiene sus razones; para qué disputarle a su hermana (anverso absoluto de la idiosincracia descripta) lo que tan fácilmente obtiene de nosotros; para qué esforzarse en ser oído cuando ella usa todas las palabras del idioma, todo el tiempo y a decibeles apenas tolerables. No - pensábamos - no hay nada malo, él encontró su lugar de benjamín y lo disfruta y viene bien porque ya no tendremos más bebitos en las manos, no hay de qué preocuparse.
Pero a la preocupación le tiene sin cuidado que estés ahí para ella, que le des agenda cuando reclama. No golpea la puerta, sólo entra. Así es que empezamos - con dos añitos recién cumplidos - el largo derrotero por los consultorios.
Al Tanito le encantó la variante; entre fonoaudióloga y psicóloga ganó espacios de juego y de creación propios (cuyo valor no acrece en función de la exclusividad sino mas bien de la ausencia de Lola) y poco a poco mostró progresos evidentes, claro, sin expectacularidad que no es su estilo, pero sin ceder un ápice tampoco, trayendo algo de tranquilidad a nuestras vidas, una sensación de que las cosas marchaban por el camino correcto.
¿No dije alguna vez que cuando adquirís conciencia de la calma se desata un quilombo inesperado? Palo y a la bolsa.
El miércoles acudimos puntuales a la cita con la neuróloga infantil. Con el mismo tono monocorde e impersonal que se puede esperar de los altavoces que anuncian la partida o el arribo de los vuelos en un aeropuerto, mencionó una sigla de 5 letras que nos arrebató el alma del cuerpo.

- Goyo es inteligente - dijo - sólo que no percibe el mundo como la mayoría de las personas.

(chocolate por la noticia perra estúpida, insensible y pedante, ya me di cuenta de eso, lo veo en sus ojitos pícaros cuando hace travesuras, en el modo que tiene de arrebatarle siempre sus tesoros a Lolita, de hacer trampa para quedarse despierto otro rato a la noche y dormido a la mañana para no ir al jardín, de ganar furtivamente cada noche su espacio en la cama grande, de desafiar y retroceder un segundo antes del reto, de hacer macanas y proclamarlas para no disfrutar solito; ya lo sé ¿a qué universidad fuiste?)

Volvimos, cenamos, nos desplomamos.
Yo oía llorar a la Tana acostada al lado mío, pero no tenía lugar para angustia ajena. Lo siento, cupo completo.
Pasé el jueves - con breves intervalos - absorbiendo la mayor cantidad de información posible; a estas alturas creo que sé tanto como ella o poco menos. Lo que describen esas publicaciones no es a Goyo, ni remotamente, pero ¿si fuera así?. La suma de todos los miedos.
Por la tarde su fonoaudióloga, basándose en hechos concretos y no en modelos teóricos dijo que las cosas marchan bien, que hay trabajo por delante, pero también resultados perfectamente posibles.

Ayer después de cenar, Gregorio - enemigo declarado del inodoro - como si supiera de nuestra pesadumbre y sin indicios previos sobre los cuales anticipar razonablemente su iniciativa, se paró frente a su madre, la tomó de la mano y le dijo: "al baño".

Se sentó y cagó estruendosamente por primera vez donde Dios manda.

La escena de vítores, aplausos y congratulaciones en el baño parecía sacada de una película de Fellini.

Qué cosa con estos pibes; uno nunca conoce el verdadero miedo hasta que algo los amenaza, tanto como ignora que un sorete suyo flotando en la taza blanca pueda causar semejante alegría.

Feliz día a todos los padres.

lunes 9 de junio de 2008

Verdades indemostrables

La certeza, desde la objetividad científica, sólo puede predicarse respecto del hecho que, superando rigurosas refutaciones teóricas, es probable y comprobable en todo tiempo y lugar. Antes de eso nada y después realmente muy poco; el postulado en cuestión pasa a ser un mero aserto generalmente aceptado mientras su posible inconsistencia no sea demostrada. Por eso - según dicen algunos - se puede vivir sin las consignas "verdadero" o "falso", basta con decir que determinado principio o descubrimiento aún no ha sido suficientemente contradicho, porque ni siquiera la comprobación empírica otorga valor veritativo a nuestras conclusiones. Recuerdo que de chicos repetíamos convencidos "el átomo es la mínima porción en que se puede dividir la materia", eso cambió el día que alguien inventó el microscopio electrónico y pudo verse a las partículas subatómicas con nanopartículas orbitando a su vez alrededor de ellas. Entonces quedó claro que aquel axioma era tan cierto como la potencia de los microscopios permitía.
¿A qué viene esta introducción rimbombante? Bueno, te cuento un secreto, yo conozco verdades verdaderas que no puedo demostrar pero son fatalmente ciertas, de toda fatalidad y de toda certeza.

Postulado 1: En algún lugar entre el canasto de la ropa sucia y el segundo cajón de la cómoda, las medias desaparecen a razón de un sólo individuo por par, nunca ambas juntas. El fenómeno se da normalmente con prendas nuevas, las descocidas y agujereadas permanecen por los siglos, y dentro de los dos meses de adquiridas. Esto es así y no hay vuelta que darle.

Postulado 2: Dos cabezazos en el área chica terminan invariablemente en gol. La regla se cumple independientemente de que ambos jugadores apunten para el mismo lado; puede ser un defensor que rechaza y el delantero contrario que devuelve o dos jugadores del equipo atacante. Cualquiera que mire fútbol regularmente sabe esto pero ningún periodista deportivo lo ha explicado satisfactoriamente. Es así y punto.

Postulado 3: Entre dos vías alternativas de comportamiento igualmente efectivas y apropiadas en apariencia, la elegida resultará ser la peor. Hacé la prueba de correrte a la cola más corta y descubrirás que la que dejaste avanza más rápido. Y a la inversa si decidís quedarte donde estabas. Es un dogma de fe.

Postulado 4: La posibilidad de ser descubierto es directamente proporcional a la gravedad de la falta (intencional o no) que acabas de cometer. Elegí cuidadosamente un lugar apartado y discreto para desgraciarte a gusto y verás como se llena de personas en un segundo. No es necesario que confieses nada, estás disculpado.

Postulado 5: Por mucho que dediques a la introspección, por mucho que te esfuerces en corregir tus defectos, en llevar una vida ordenada y ser justo para con los demás, la opinión que el prójimo se forme sobre tu persona distará diametralmente del concepto que tenés de vos mismo, sin importar si te conocen a fondo o sólo superficialmente. Si no me creés preguntale a tu madre y a tu mujer (desacuerdan en todo menos en eso).

Postulado 6: Las cosas marcharán sin sobresaltos hasta que seas conciente de eso. Un segundo después de darte cuenta se desatará algún quilombo que ni siquiera viste venir. Siempre pasa.

Postulado 7: Si no encontrás el objeto que estás buscando dalo por perdido y comprá otro mejor y más caro; es la forma más segura de hacer que aparezca a menos que se trate de medias en cuyo caso nunca funciona. Sólo aumentarás la cantidad de ejemplares sueltos en tu cajón.

Confiá en mí, sé exactamente de que te hablo.

martes 27 de mayo de 2008

Con todo respeto

Podría pensarse que dije lo dicho con toda intención de incomodar, incluso de ofender, pero la verdad verdadera es que las ocurrencias nefastas se me dan como las coplas cuando ni siquiera estoy interesado en la conversación; cuando hablo sólo por decir algo, aún cuando quiero ser simpático. A estas alturas ya tengo más o menos dominado el impulso y ante la mínima sombra de duda opto por el silencio, pero no fué siempre así.

1) Con Martita (una compañera de trabajo, profesional excelente, buenísima persona querida por todos - yo incluído - a quien la suerte desfavoreció con una ostensible renguera producto de una luxación de caderas no tratada en su niñez) solíamos tomar mate y hablar de bueyes perdidos a la hora en que la oficina quedaba desierta. Una vez, recién empezada la ronda, debió salir de urgencia y el hombre, muy cortés, va y le dice: "tómese otro compañera, no se me vaya renga"; "si alcanzara con un mate" contestó melancólica mientras la tierra no cedía al ruego de abrirse bajo mis pies.

2) En casa de cierta novieta de mi juventud, cuyo padre me junaba bien fulero, mi potencial suegra me invita a cenar; "hay milanesas" dijo "¿te gustan?"; "¿y a quién no?" dice el tipo y remata vehemente "al que no le gustan las milanesas es un marciano!!!"- silencio ominoso - "a mi papá (allí presente), podés creer?" dice la chica; (no, no te puedo creer la reputa que te parió).

3) En casa de Siro, compañero de secundaria, ronda de adolescentes hablando (y riéndose de) boludeces. Puro tren de joda. En eso llega el novio de su hermana (a punto de casarse) con helado para todos. "Qué copado este pibe" exclamé sin mala intención; "siempre trae algo" dijo Siro. Aquí va: "Igualito que los apaches que regalan caballos al cacique para casarse con su hija"; cara de ojete legüera hasta que mi amigo responde "¿Te pensás que estamos vendiendo a mi hermana?". Meses hasta recomponer la relación.

4) Con mi jefe, hablando de la estrategia judicial a seguir en un caso dado, "¿estamos a tiempo de ... (hacer determinado planteo incompatible con nuestra postura anterior manifiesta en el expediente)?"; "no, de ninguna manera, eso sería como alegar la propia torpeza y está prohibido en derecho" suelta el leguleyo; el superior jerárquico "¿me estás llamando torpe?". En fin.

5) En una audiencia testimonial, le hago notar al audiencista que no preguntó a la testigo de la contraparte por las generales de la ley (fórmula juramentaria obligatoria por la que el deponente declara no ser amigo, enemigo, pariente, deudor o acreedor de los litigantes ni tener interés personal en el resultado del pleito). El secretario termina de leer y la vieja mirándome consternada "usté piensa que estoy aquí por plata, qué soy corrupta, o qué?". Entró en crisis de llanto y tuvieron que sacarla de la sala.

6) Con la Tana, en lo mejor del idilio, ensayé aquella comparación metafórica con la estrella Betelgeuse. "Insinuás que soy gorda más gorda que el sol" entendió.

Amigo/a, si en algo alguna vez te hieren mis palabras sabé que lo dije con todo respeto y sin ánimo de ofender.

viernes 23 de mayo de 2008

1810

En ese colegio de mierda nadie entiende nada. Tuvieron que pasar dos años (¡DOS AÑOS!) actuando de negrita pastelera, de ladrillo, de árbol, de ornitorrinco, hasta que finalmente reconocieron el talento y le dieron un papel medianamente acorde a su talla artística. Ya tenía casi terminado el escrito de demanda contra las autoridades del Instituto Cardenal Copello, el Obispado de San Isidro y el Vaticano - todos en forma conjunta y solidaria - cuando recibí la noticia esperanzadora:

- En el acto del 25 de mayo voy a actuar de dama antigua bailando el minué con Juan Cruz.
- ¿Quién es Juan Cruz?
- El chico que va a bailar conmigo
- Y Bué.

La damita patricia





El criollito. Un muchacho sin suerte. A la salida del salón de actos tuvo un accidente de lo más extraño: se golpeó repetidamente la cabeza contra una columna del patio. Yo estaba cerca, lo vi todo (¿o lo imaginé?).






La gala



Mi niña Lola, mi niña Lola, ya no tienes la carita del color de la amapola,
Mi niña Lola, mi niña Lola, mientras que viva tu padre no estás en el mundo sola.



(Si me vieras Luisa, sabrías que digo mucho más cuando sólo me sale ¡Gracias!)

martes 20 de mayo de 2008

Cuestión de marketing

La cantante no vidente abordó el tren que me lleva al trabajo como casi todos los días a la misma hora. Tras una breve noticia de su infortunio personal desparramó las bendiciones de rigor entre los pasajeros, desenfundó su guitarra y montó el numerito cotidiano.
Después de algún tiempo uno les toma cierta empatía a estos antihéroes por azar; se necesitan agallas para salir diariamente a un mundo que tampoco (o tan poco) los contempla, y también, pero no menos importante, optimismo para usar lo que sirve a pesar de todo, para valerse de lo escaso y mejorarlo en cuanto sea posible con la finalidad elemental y prosaica de ganarse el garbanzo. Es como si me reprocharan que reniego de más, que me quejo de lleno.
Ella (y evito deliberadamente referirme a su condición de ciega, no porque me guste el eufemismo “persona con capacidades disminuidas” con que el INADI impone designar a los ciegos, tuertos, mancos, tullidos, fronterizos y demás impedidos - sin que, dicho sea de paso, la situación de los aludidos haya variado ostensiblemente a partir de dicha obligación - sino en aras de mantener la corrección política), ella - decía - le encontró la vuelta al asunto. No tiene una voz exactamente privilegiada pero es bastante hábil (Juan me corregirá si yerro) para acomodar los tonos a sus posibilidades, se da maña para tocar (aunque sin virtuosismo apreciable) y hasta aquí ha demostrado ser cuidadosa a la hora de elegir su repertorio, generalmente compuesto por canciones folklóricas muy difundidas y pegadizas. Canta aceptablemente las que sabemos todos y con eso, a juzgar por su permanencia en el negocio, le arrebata la “diaria” a las calles inhóspitas de Buenos Aires.

Digo hasta aquí, porque hoy por alguna razón decidió improvisar y su suerte tuvo un giro inesperado; se aclaró la garganta y empezó:

“Yo vendo unos ojos negros, ¿quién me los quiere comprar?
Los vendo por traicioneros, porque me han pagado mal”...
*

Mientras pasaba por los asientos haciendo sonar algún cobre dentro de su tarrito a modo de aviso recaudatorio, esta vez la ciega (permítaseme por un momento utilizar el lenguaje de la barbarie) cosechó muchos más billetes que monedas.

Parece que no fui el único que pensó “te los pago igual pero llevátelos de acá pa´qué mierda los quiero”. Y es que realmente los tiene bien negros, inservibles como un par de tetas en una gallina eso sí, pero renegridos sin lugar a dudas.

* Fragmento de una zamba muy popular