martes, 20 de octubre de 2009

La moglie e´per parire

Eran tiempos auspiciosos. Nuestra relación se afianzaba y crecía, expandiendo - no por las mismas razones - nuestros respectivos vientres; el mío vaya uno a saber por qué, el de la Tana por efecto del embarazo cualitativamente más descomunal que se haya visto jamás. No hubo sobresaltos más allá del ocasional cartelito "enseguida vuelvo" (eufemismo equivalente a "momentáneamente cerrado por vómito") que pude haber encontrado alguna vez colgado en la puerta de la librería que abrimos unos meses antes y que ella atendía con sumo entusiasmo.

Esperaba para el 4 de marzo pero yo tenía la secreta esperanza de que Lolita naciera el 2, aniversario de mi natalicio, en merecido homenaje al autor de sus días, y si no por cortesía al menos por economía de festejos. En fin, ni cortés ni económica resultó.

Alguna idea traía ya de ajetreos maternales y puericultura después de mis dos primeros vástagos y confiado estaba en la asistencia de dichos saberes cuando fuera tiempo de emplearlos, que si para algo ha vivido uno es para no dejarse sorprender. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

A falta de noticias invité a mi cuñado "el Negro" a que viniera a casa la noche de mi cumpleaños y me asara un pacú bien ensillado como sólo saben los misioneros (de Misiones) y vino (de "venir" y del otro) , asó y venció y se nos hicieron las tantas de la madrugada brindando y hablando boludeces hasta que en cierto punto de aquel 03/03/03 la Tana se agarró la panza con las dos manos; no una agarradita de agarrar nomás, se agarró bien agarrada, agarrada como óxido de barco, y me llamó la atención. Y ni falta que hizo porque yo ya había notado el gesto.

- ¿qué tenés Tana?
- ¿además de un bebé?

Mieeeerrrrda, hay que llamar a alguien ya mismo, ¿dónde está el teléfono de Colasurdo y su puta madre?

Marqué frenéticamente y pasé al contestador donde dejé 350 mensajes inconsistentes. Empecé a cobrarle un odio irracional al obstetra del orto ese que apagaba el celular de madrugada ¿qué clase de médico se distrae de su sacerdocio por cuestiones tan prosaicas como dormir? y lo que es peor ¿ahora qué hago yo? porque algo tengo que hacer. Devolvió el llamado al rato largo y que todavía falta, que esto recién empieza, que una Buscapina cada 6 horas y nos vemos mañana a las 5 de la tarde en el consultorio, ¿a las 5, A LAS 5??? pero si faltaban como 12 horas. Y la Tana y sus ay y sus jadeos.

Llegamos temprano a la cita y en mi imaginación el galeno estaría esperándonos con la ambulancia en la puerta para trasladarnos hasta la clínica, pero fíjese que no. Nos atendió su sercretaria, levantando apenas la vista - tomen asiento, el doctor llega de un momento a otro -

(¿Cómo que llega de un momento a otro, dijimos a las 5 y son menos diez, qué hace que no está aquí???).

La Tana me veía transfigurarme ante cada quejido suyo pero me aguanté a lo macho para no ponerla más nerviosa, mientras repasaba una y otra vez la imagen mental de mi puño partiendo la jeta del medicucho ese no bien traspusiera la puerta.

En eso la Tana - andá a comprarme Buscapina que me la olvidé en casa y me duele mucho -

(¿¿¿¿Cómo que te la olvidaste me recontracago en diez, te lo recordé mil veces????)

Y salgo como una exhalación a encontrar una farmacia y la encuentro y compro y vuelvo y entro de nuevo para ver a la Tana sentadita sacando un comprimido del blister y metiéndoselo en la boca.

- ¿No te los habías dejado en casa?
- No, te mandé a comprar para sacarte de acá porque rompí bolsa y vos me ponés más nerviosa.

(¿¿¿¿¡¡¡Cómo que rompiste bolsa!!!???, ¿¿¿¡¡¡A qué hora viene este hijunagranputa!!!!???)

Y entró el facultativo estirado y prolijito con su guardapolvo impecable y dijo lo que todos ya sabíamos pero con el aplomo y la certeza que le da su paso por los claustros académicos.

- Si rompiste bolsa (y vos no sabés lo cerca que estuviste de que te rompa la ñata) hay que internarte ya, andá para la clínica y nos vemos allá, te va a esperar la partera para monitorearte.

Y llegamos y viene la partera y le enchufa el aparato y dice las dos únicas palabras capaces de empeorar mi estado de enajenación mental transitoria: sufrimiento fetal.

(Acá van a empezar a sufrir unos cuantos)

Y entonces me expresé: PERO DÓNDE SE METIÓ COLASURDO ME CAGO EN SU ALMA

- Aquí estoy - dijo lo más campante - vengo a llevarme a su mujer al quirófano. Y se la llevó.

Y me pregunta la partera - ¿trajo pañales?

- Ehh, lo qué?

- Pañales, en algunas clínicas no los proveen.

(¿¿¿¡¡¡Cómo que no los proveen, por qué no avisan carajo!!!???)

Otra vez al auto y a 300 por hora buscando una farmacia que encontré en el culo del mundo y vuelvo con el paquete y me ataja Dorita en el estacionamiento y - andá que ya está naciendo - y me tiro del auto en marcha y corro a la sala de partos y me dan a Lolita envuelta en paños y en gritos. Y tenía todos los deditos, y era rosadita y temblaba y memoricé cada rasgo para que no me la cambien y me la pide la nurse para ponerle un pañal ...

- ¿No era que no los proveían?
- ¿qué cosa?
- Deje, deje, debo haber entendido mal.

lunes, 5 de octubre de 2009

2001 - 2009

"...Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja..."



Julio Cortázar

(...) Nos dieron las diez hablando de atardeceres y de soledades y yo no podía dejar de mirarle la boca (...)



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