martes, 18 de noviembre de 2008

Juan me hizo acordar

LLegado cierto punto empecé a aburrirme del único traje que traía puesto aquel 27/10/01 y volví a mi casa vacía con la intención de llevarme la ropa y efectos personales que cupieran en mi modesto autito. Ya en la tarea me dí cuenta de la cantidad de ropa en desuso que había acumulado y haciendo cálculos mentales sobre el espacio disponible en mi nuevo hogar dejé bastantes cosas para la caridad. Hice bien, un tiempito después la Tana, empeñada en demostrar sus habilidades culinarias a fuerza de picada, entrada, plato y postre todos los días, produjo una expasión notable de mi humanidad, a punto tal que de lo exiguo rescatado quedó aprovechable poco más que las corbatas y los zapatos. Por supuesto no la enteré de la maniobra hasta que estuvo cumplida. Dos días antes ella me había dado un juego de llaves y urdí aquel plan durante una mañana después de que se fué a trabajar, no era cuestión de hacerle lugar a la duda, no señor. Volvió a casa una tarde, se encontró con mis petates acomodados desmañadamente en el placard y sonrió. Falsa alarma.

Con franqueza no recuerdo días mejores que aquellos, éramos sólo nosotros dos y nuestro pacto tácito de dejar correr agua bajo el puente antes de participar a nuestras respectivas familias. Pero, promediando diciembre, el viejo Juan, quien visitaba regularmente a su hija (cabe aclarar a esta altura que hasta hoy me maravilla aquel celo paterno resurgido el día que la Tana plantó bandera con el obispo - tres años antes de toparse conmigo - y volvió a su casa, de la que había salido con tiernos 18 recién cumplidos; fué - a mi modesto entender - como una actualización abrupta de toda esa dedicación amorosa que había quedado de alguna manera mocha cuando su niña entró al convento) el viejo Juan - decía - empezó a preguntar por el origen de las botellas de vino a medio tomar (y algún que otro cadáver de vidrio) que reposaban en la mesada de la cocina, siendo que la Tana vivía sola y no bebía alcohol. La excusa de los compañeros de facultad enófilos que se habían reunido para estudiar en su casa (nuestra casa) la noche anterior empezó a quedar chica y ella con tan poco andado en cuestiones mundanas, empezó a necesitar coordenadas que la remitieron a Silvina, su hermana menor (mi cuñada); en fin, cosas de mujeres. No tardó en enterarse mi otra cuñada (Cristina, la esposa de Estéban, el mayor) y, dado que todos trabajaban juntos en el negocio familiar, también Dora, mi suegra.

Así fué que una buena mañana, a mes y medio de vivir juntos, le pregunté por la vigencia de nuestro acuerdo implícito: "¿Hay alguien - aparte de vos obviamente - que esté enterado de mi existencia?"

"Si, no aguanté más y se lo conté a todo el mundo, los viejos quieren conocerte y vienen a almorzar hoy" - soltó de un saque como tirón de curita. . .

He oído que sólo el hombre y los delfines tienen la incómoda habilidad de representarse abstractamente la vivencia de sus semejantes (ponerse en el lugar del otro que le dicen) y hasta allí me llevaron mis (despavoridos) procesos mentales.

<¿Qué haría yo si me entero que mi hijita, mi frágil retoñito, está conviviendo furtivamente con un divorciado a mis espaldas, de quién nada sé, eh, eh, qué haría? Respuesta probable: lo mato haciendo que parezca un accidente>

Salí con el pretexto de comprar un árbolito de navidad y otras chucherías, tenía que estar a solas con mis elucubraciones para ensayar argumentos convincentes, era la voz de la sangre la que urgía soluciones, de mi sangre, la misma que si no se me ocurría algo pronto seguramente sería derramada.

Llegaron puntuales con la comida y el vino, dos botellas de malbec Trumpeter que parecían frasquitos de penicilina entre las manazas de ni suegro, con dedos como racimos de longanizas parrilleras. Le tendí mi mano franca, con gesto más bien contrito, calculando que aquella mole de metro noventa y pico y 120 kilos podía triturarme en lo que tarda a arder un fósforo si se lo propusiera, él me atenazó ambos hombros (estoy en el horno con papas - pensé), me atrajo hacia su pecho de una hectárea más o menos, me abrazó y me besó en la mejilla. A su turno Dorita, cuya virtud más saliente es sin dudas la hospitalidad.

La comida transcurrió plácida y serena, sólo una pregunta personal me hizo el viejo: "¿de qué cuadro sos?". Felizmente de Independiente, histórico perdidoso ante River Plate, el club de sus amores.

Me sentí bienvenido (es curioso porque estaba en casa), aceptado, creído, he llegado a quererlos mucho y sé que también me quieren. Después de todo alguien que se aparece con un buen vino no podía resultar mal tipo (distinto es el caso de mi madre política quien - previamente advertida por la Tana de que lo único que no como ni por orden del juez es apio - trajo una generosa porción de ensalada Waldorf rebosante de dichos tallos verdes; a su favor puedo decir que no ha vuelto a hacerlo).

36 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, mi mamá también te hubiera llevado el apio y te lo hubiera hecho comer hasta que te brotara por las orejas, además.

Linda dijo...

Osea que tu mujer primero fue monja, luego estudiante, para al final quedarce contigo???
Las cosas que vivió y aprendió en ese tiempo deben ser maravillosas. Y ella no tiene blog donde lo cuente todo?

Luisa dijo...

Lo dicho Pablo, no hay nada mejor que la maravillosa faena de hacer algo con la bandera de: Hechos consumados.
Mi madre, como la madre de Ashi, te hubiera hecho comer los apitos (sic) y hasta te hubiera obligado a que plantaras una hectárea de dicho vegetal en tu patio, digo, para tenerlo a mano cuando ella quisiera agasajarte...
Me encanta la personalidad de don Juan..pareciera que estás describiendo a mi padre...
(el otro día que dijiste que si las mujeres tomaran el control de algunas cosas, la vida sería menos agresiva, inmediatamente me reí (y me cayó el saco) pero luego recapacité y me dije, Claro! La Tana tiene mucho que ver en eso, en que tu visión hacia lo femenino sea dulce y paciente...ella debe de tener eso seguro...(yo nada o casi nada).

Pablo dijo...

Ashi, bien a propósito lo hizo la vieja, un rato antes de venir llamó a la Tana para preguntarle qué traía para el almuerzo y ella le dijo "cualquier cosa que no tenga apio". Es que lo rechazo de plano sin negociaciones, si hervís un tallito en 20 litros de agua me doy cuenta. ¿Y qué trae la vieja?

Pablo dijo...

Bueno Luisa, en lo que yo sé fué primero niña, luego adolescente, novicia, monja, superiora de su orden a los 25 años y durante ese tiempo estudió filosofía tomista y teología. Cuando salió del convento estudió licenciatura en letras, y en eso estaba cuando mi rutilante presencia le dió un giro inesperado a su vida.
Y atinaste amiga, nada le quita la paciencia a esa chica excepto yo (y me sale de lo más natural, fijate).
Parece que los "Juanes" son tipazos.

Luisa dijo...

shiquíllo...revolviste el comentario de Linda con el mío, pero entendí...(que conste que yo no pregunté qué fue primero,si el huevo o la gallina, ehh?)
:oP

pal dijo...

Si mi hija me dijera que vive con un divorciado desconocido, lo primero sería la curiosidad que me daría...yo la mataba el día que me dijera que se metía a monja!
Y mi mamá no habría llevado ensalada, ni nada de nada, y además habría estado agradecida que alguien le aceptara la niñita, esta.
Lo que son las familias!

Juan dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan dijo...

La ley de las compensaciones,COMPADRE.Ahí estaba el carácter de cada uno.Aunque con un Trumpeter lo de la ensalada se puede hasta perdonar.Hubiera sido peor que te sirvieran huevo hilado.Lo de que tu suegro sea de River es el menor de los males(lo mejor es coincidir,claro). De haber sido al revés hubiera sido un problema-que el vino hubiera podido arreglar de cualquier modo.

Pablo dijo...

Si Luisa (perdón Linda), es que las dos escriben con esa tonada mexicana y ambos nombres (de cinco letras) empiezan y terminan con las mismas. Fué una ilusión óptica.

Pablo dijo...

Mirá Paloma, en lo que sé de ella, una vez plantada en sus trece no la movés ni con una Bulldozer. Juan, sabio por sabio y por viejo, la esperó al final de la curva y se salió con la suya. Por otra parte muchacha, no es que la niña se metiera a corresponsal de guerra, regente de burdel o dealer narco, no?

Pablo dijo...

Un día compadre (luego de averiguar de qué se trata) voy a comer huevo hilado nomás por sacarme el entripado. Y como bien decís, ser de River lo puso al viejo en posición dominante y yo no estaba para peticiones de principios (menos con la botella de Trumpeter cerca).

Julieta dijo...

Y ,sí ,enterarse que la hija de uno convive con un divorciado pienso que no le cae bien a nadie ,pero se termina aceptando , ¡ qué otra ! En cuanto a lo del apio ,se le atribuyen algunas virtudes que ....quizá tu madre política quiso hacerte un bien .....no sé ....ja ja..

Pablo dijo...

Bueno Julieta siempre me queda el roquefort y la nuez y si nada funciona pues derecho al viagra. Apio jamás.

Anónimo dijo...

¿qué es un huevo hilado?


Mi hija y mi sobrino se comen un paquete de apio entre los dos, hay que esconderlo si querés que te quede algo...

pal dijo...

Pablo es que me pasa como con todas las anteriores profesiones que nombras, si claro, muy respetables: PERO MI HIJA NOOOOO!!!

(ojo que hasta de vez en cuando voy a misa, tengo la sana costumbre de la manda... si lo único es que yo quiero ser abuela y si la nena se mete a monja.... sería medio difícil, no?)

Dosto dijo...

Qué bien, yo conocí a mis suegros en pleno día de festejos de 15 de mi cuñada. Ahi nomás me dieron el auto para que trajera y llevara cosas en una ciudad que acababa de pisar por primera vez.
De esas cosas que no se olvidan, me acuerdo de la vez que mi suegra entró al cuarto de su hijo a las 2 de la mañana porque su marido no había llegado a la casa. Hijo estaba conmigo, con lo que más rápido que el correcaminos, me tapó con la gruesa frazada y ahí estuvo preguntando detalles de la trasnochada de su padre.
Mi suegra jamás mencionó el incidente, creo suponer que sabía que yo estaba ahí.

pal dijo...

juajajajaaaaaaaaaa dosto, y si nó qué cosa podría haber sido ese bulto al lado del hijo de tan respetable señora.

ps: y apareció tu suegro ese día?

Juan dijo...

El huevo hilado es un mejunje hecho a base de mezclar yemas de huevo con el almíbar obtenido de llevar agua y azúcar a ebullición.El resultado son una especie de hebras dulzonas y peguntosas.Se usa como guarnición para algunos fiambres..y no me trae muy buenos recuerdos,para rematar.

Pablo dijo...

Ashi, ha de haber gente pa´todo.

Pablo dijo...

¿Vos creés Pal? Si no es cuestión de dejar los hábitos, basta con arremangárselos.

Pablo dijo...

Dosto, podés apostar doble contra sencillo a que la vieja sabe que estabas ahí, y no es difícil que también se haya compuesto una idea bastante aproximada de lo que vos y (por entonces futuro) marido estaban haciendo.

Pablo dijo...

Pal, no sé si "bulto", dadas las particulares circunstancias del caso, sea políticamente correcto de decir.

Pablo dijo...

Mi abuela, con ingredientes parecidos (yemas, azúcar y oporto, todo batido) hacía un postre que llaman sambayón. Era más bien una pasta densa de sabor riquísimo pese a su aspecto de vómito biliar.

Anónimo dijo...

entre los huevos hilados,el bulto y los sambayones ya se hizo aqui una mescolanza que ni te cuento!!
Luisa

Dosto dijo...

Jajajjaa!! Pal, me favorecía el gran tamaño del acolchado, pero claro, mi suegra no es ninguna tonta!!
Si, suegro apareció a las 4 am, se había ido de parranda.

Pablo dijo...

Luisa no te me pongas anónima que me da cosa.

Pablo dijo...

No estaba muerto andaba de parranda.

pal dijo...

ok OK
bultA
(no si, con nada te doy en el gusto...)

Pablo dijo...

Muy bien Palita, así queda perfectamente diferenciada de cualquier otro bulto que pudiera haberse alzado bajo esas mantas, tomando en cuenta lo abrupto de la irrupción de suegra de Dosto.

Julieta dijo...

Ojo que el Viagra puede producir reacciones adversas,entre ellas ,quedar en el estado que te produce su ingestión durante laaaargas horas y no creo que haya quien aguante...Pensalo....

Pablo dijo...

Caramba, Julieta, el sueño americano.

Juan dijo...

Vaya,¡qué problemón!(colmillo goteando)

Julieta dijo...

Me parece que sin querer estoy poniendo en marcha algo ...tranquilos ,muchachos!!!

*La Casalinga* dijo...

Mi vieja tiene la prostituta costumbre de meterle muuuucho apio a la sopita.
Odio la sopita y odio el apio!
Lo sabe pero cuanto más me quejo, más hace sopita con más cantidad de apio!!!
Agggrrrr!!!!!!
Y no es mi suegra, eh?

Pablo dijo...

Yo no te la pruebo ni a punta de fusil. Sunalucha Sonia.